“En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con sus discípulos y se detuvo en un lugar llano. Allí estaban muchos de sus discípulos y una gran multitud de gente de toda Judea y de Jerusalén, del litoral de Tiro y de Sidón. Levantando los ojos hacia sus discípulos, dijo: “Bienaventurados vosotros…” (Lucas 6,17.20-26).
Un Nuevo Moisés
Voy a detenerme aquí porque el texto es muy largo, pueden meditarlo con más calma después, en el capítulo sexto del Evangelio de San Lucas, porque es el discurso de las bienaventuranzas.
Estamos en el sexto domingo del tiempo ordinario, en el día del Señor recibimos el discurso de Lucas, el discurso del llano. Pero en realidad, aquí en Lucas: Jesús baja de la montaña, se detiene en una llanura, en un lugar plano, dice el texto, y proclama lo que podemos llamar la carta magna del cristianismo. Jesús se presenta aquí como el nuevo Moisés, que descendiendo de la montaña, es decir, de la intimidad con Dios, habla ahora al pueblo, comunica al pueblo las verdades divinas, las cosas más preciosas para la vida de una persona. Verdades que ya no están escritas en tablas de piedra, sino escritas en el corazón de cada persona.
El sermón se dirige a aquellos que quieren configurarse completamente a Cristo. Es una especie de relectura de los diez mandamientos, porque si vemos las bienaventuranzas, allí encontramos un camino para quien quiere ser igual a Cristo, quien quiere configurarse a Él.
Y no se trata aquí del mínimo, del nivel bajo de vida cristiana, sino del máximo, es decir, todos están llamados a esta plenitud de vida, a este grado de santidad.
Son páginas luminosas por un lado, claro, pero por otro también hay cosas bien difíciles, expresadas a través de los diversos “¡ay de vosotros!”.
Jesús quiere iluminar de tal forma el corazón del pueblo, que no quiere dejar a nadie perdido en las tinieblas, porque sabe que eso conlleva duras consecuencias.
Ninguno de nosotros está llamado a una vida decadente, permeada de pecados, de vicios, maldades, sentimientos de odio.
Jesús llama a cada uno de nosotros a una vida llena de plenitud, llena de la vida de Dios, repleta de sentimientos de misericordia, de compasión, de pureza, de resiliencia ante el sufrimiento.
Les pregunto: ¿quieren este proyecto de vida para ustedes? El proyecto de las bienaventuranzas es para ustedes. Por eso les pido, respondan con su corazón a este llamado de Jesús para su vida en este día.
No dejen que pase el año 2025 sin que hayan asumido el compromiso de buscar más a Dios, de vivir más los mandamentos de Dios, de ser una persona más misericordiosa con el prójimo, para que cuando el Señor los llame a su gloria, estén ante Él y lo escuchen decirles: “Bienaventurados”.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!