El Día de Dinados renueva nuestra esperanza en la vida eterna
Hoy conmemoramos a los fieles difuntos. Es también un día para recordar las almas de los fallecidos de nuestras familias y encomendarlas a la misericordia de Dios. El Evangelio de san Juan nos dice lo siguiente:
“Todo el que ve al Hijo y cree en Él tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Juan 6,37-40).
Para que puedas reflexionar y comprender el vídeo necesitas ‘accionar el subtitulo en español’:
Hay algo muy importante en la liturgia de las exequias, cuando vamos a encomendar un cuerpo: la vida no nos es quitada, sino que es transformada.
La certeza de la resurrección
¿Qué nos muestra esto? Que la muerte no es el final para aquellos que creen en la resurrección. Para quien vive unido a Cristo, es el paso hacia la vida eterna. Lo que debe motivar mi corazón y el tuyo en este Día de los Difuntos es la certeza de la resurrección. Jesús también nos afirma algo importante: que Él no rechaza a quien se acerca a Él.
Si durante toda nuestra vida nos arrepentimos de nuestros pecados, nos acercamos a Él y queremos vivir una vida para Él, cuando llegue el día de nuestra muerte, debemos tener el corazón en paz, porque Dios recompensará aquello que vivimos para Él.
En el Día de los Difuntos, recordamos la llamada a la santidad
Esta certeza debe llenar el corazón de cada uno de nosotros de confianza en la infinita misericordia de Dios. Porque, hermanos míos, al mismo tiempo que estamos invitados a examinar nuestra vida, también necesitamos comprender que un día rendiremos cuentas ante Dios de todo lo bueno que hicimos y de todo lo malo que hicimos.
La liturgia de hoy nos invita a vivir nuestra fe llenos de alegría, conversión, caridad y perseverancia, y a prepararnos para el encuentro definitivo con Dios. Debemos rezar para que Él nos encuentre en paz.
Monseñor Jonas tiene una canción precisamente sobre esto: «Que la santidad de nuestra vida apresure la venida del Señor, y Él pronto vendrá». Y cuando Él venga, necesita encontrarnos en paz, en santidad.
Por eso, esta celebración del Día de los Difuntos no puede vivirse con tristeza, angustia ni desesperación. La Iglesia nos invita a vivir con alegría, con la certeza de la resurrección. Porque todos aquellos que creen en Cristo jamás verán la muerte, y Él los resucitará en el último día.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



