En oración, discernir y profesar la fe
Y sucedió que Jesús estaba orando en un lugar apartado, y los discípulos estaban con Él. Entonces, Jesús les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que eres Elías, pero otros creen que eres alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”. Pero Jesús preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Pedro respondió: El Cristo de Dios” (Lucas 9,18-22).
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Hermanos y hermanas, el Evangelio comienza mostrando a Jesús en oración. Él estaba en un lugar apartado.
En un lugar apartado, buscar el discernimiento de Dios
Aquí, en San Lucas, en los momentos decisivos, en los que Jesús necesitaba hacer algún tipo de discernimiento, Él siempre está precedido por la oración. Nuestros momentos de grandes decisiones también necesitan estar precedidos por la oración. Que la oración sea una marca de nuestra vida, de nuestra existencia. En Jesús, por ejemplo, en el bautismo, en la elección de los apóstoles, en la transfiguración y, ahora, antes de la confesión de Pedro.
En la oración, nace la intimidad con Dios
¿Qué nos revela esto? Nos revela que el verdadero conocimiento de Jesús no nace solamente de nuestra inteligencia, de leer libros, de la teología o algo así, sino de una revelación recibida en la intimidad con Dios. Mientras el pueblo formula opiniones incompletas: unos dicen que es el profeta Elías, otros que es Juan el Bautista. Los discípulos son conducidos a una fe más profunda.
El mundo puede admirar a Jesús como Maestro –un maestro moral, incluso un líder espiritual–, pero solamente la fe concedida por el Padre reconoce en Él al Cristo de Dios, el Ungido, el Prometido desde el Antiguo Testamento, y esto es revelado por la respuesta de San Pedro.
Que esta respuesta de San Pedro también sea nuestra respuesta en relación con Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



