Los justos brillarán por la fuerza de la perseverancia
«Los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre.» (Mateo 13,36-43)
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Hermanos y hermanas, Jesús no esconde que, en este mundo, el trigo y la cizaña crecen juntos; coexisten en nuestra vida y también en la historia de la humanidad, sobre todo dentro de cada uno de nosotros.
Brillarán quienes acogen la paciencia
Si te miras a ti mismo en un examen de conciencia, verás que hay muchos comportamientos que son propios de la cizaña; y, muchas veces, también hay comportamientos que son propios del trigo. Estas realidades coexisten dentro de nosotros. No todo está resuelto, no todo está completamente aclarado. Hay confusión, hay lucha, pero, sobre todo, hay paciencia.
Dios no arranca inmediatamente la cizaña, porque respeta el proceso. Dios da tiempo para la conversión, para tu libertad y para tu respuesta. Permite que el trigo madure junto con la cizaña para, al final, prevalecer sobre ella. Esto exige de nosotros perseverancia, pero el Evangelio apunta más allá del presente.
Nuestra vocación es reflejar la luz de Dios
Se nos dice que llegará un momento de revelación. Lo que hoy está oculto será manifestado. Entonces, Jesús dice: «Los justos brillarán como el sol». Brillar como el sol significa reflejar plenamente la luz de Dios: reflejarla sin sombra, sin división, sin fragilidades. Es la plenitud de la transformación a la que todos nosotros estamos llamados. Lo que comenzó como una semilla, que creció en medio de las dificultades, finalmente se manifestará en toda su belleza. Esa es tu vocación, y todos nosotros estamos llamados a esa realidad.
Cultivar el trigo: el camino para vencer nuestro interior
Esta promesa también nos plantea una pregunta: ¿qué tipo de vida estamos cultivando? ¿Estamos permitiendo que Dios haga crecer en nosotros el trigo —la verdad, la justicia y la fidelidad—? ¿O estamos alimentando aquello que nos aleja de la luz, aquello que, de alguna manera, nos convierte en cizaña?
Que, en este día, seamos fortalecidos por la certeza de que vale la pena permanecer en el bien. Aunque no sea fácil, persevera, porque lo que hoy se vive en la fe, un día resplandecerá en la gloria. Entonces, por la gracia de Dios, también nosotros brillaremos como el sol en el Reino del Padre.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



