Esconderse en Cristo para dar testimonio de Su luz
En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado». (Mateo 11,25-27)
Para que puedas reflexionar y comprender el vídeo necesitas ‘accionar el subtitulo en español’:
Hermanos y hermanas, en el Evangelio de hoy aparecen dos términos que sirven para nuestra reflexión: ocultar y revelar.
Ocultar y revelar: un camino interior
Los dos vocablos griegos son kriptein y apocalyptein. El primero, kriptein, da origen a una palabra muy conocida por todos nosotros en español: cripta. Normalmente está asociada a un lugar subterráneo donde se depositaban los cuerpos de los santos y de los mártires, así como reliquias importantes para ser preservadas como lugar de peregrinación. Muchas de las basílicas que visitamos tienen una cripta.
En una generación en la que todo se publica —todo lo que se hace, todo lo que se dice, todo lo que se come, todo lo que se vive—, esto parece ser una llamada de atención para nosotros, los cristianos, para que no perdamos la capacidad del recogimiento, del ocultamiento, para saborear las cosas divinas.
No podemos dejarnos esclavizar por la mentalidad de las apariencias y de lo mediático. Debemos volver a las criptas de otros tiempos. Ya no a aquellas hechas de piedra, en los subterráneos de las iglesias, sino a esos lugares privilegiados de encuentro con Cristo, para recibir de Él la sabiduría necesaria para conducir bien nuestra vida.
La revelación y el anuncio del amor
El segundo término que aparece es apocalyptein, del cual también proviene una palabra muy conocida: apocalipsis, que significa revelación, dar a conocer o manifestar. También podemos mirar el mundo de hoy, donde la verdad del Evangelio, en muchos contextos, ha sido escondida, encerrada e incluso, en algunas culturas, aprisionada.
Esa verdad de Cristo necesita ser revelada no solo con palabras, sino, ante todo, con la propia vida. Revelarla, en primer lugar, a los más pequeños, a aquellos que todavía no han conocido la Palabra ni han tenido la oportunidad de encontrarse con Cristo. Estos son los dos movimientos que nosotros, los cristianos, necesitamos realizar: escondernos en el corazón de Cristo para poder revelarlo con mayor entusiasmo a todas las personas.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



