La cosecha final, el llamado a la purificación del corazón
En aquel tiempo, Jesús contó otra parábola a la multitud: «El reino de los cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Mientras todos dormían, vino el enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando el trigo creció y comenzaron a formarse las espigas, apareció también la cizaña. Los siervos fueron a buscar al dueño y le dijeron: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde salió entonces la cizaña?”. El dueño respondió: “Algún enemigo hizo esto”. Los siervos preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. El dueño respondió: “No, porque al arrancar la cizaña podríais arrancar también el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la cosecha”» (Mateo 13,24-43).
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Hoy es domingo, día del Señor, XVI Domingo del Tiempo Ordinario. El Evangelio de este domingo nos permite reflexionar sobre el misterio del corazón humano, el mal que rodea ese corazón, el peligro de la intolerancia ante la debilidad del otro, la paciencia de Dios y su juicio final.
La cizaña inesperada que crece en nuestras debilidades
Mateo recurre a una curiosa parábola que se encuentra en el propio título: «Dejad que ambos crezcan juntos». Es conocida como la parábola de la cizaña, en la que el término griego *zizánion* aparece ocho veces. En la clasificación botánica, este término da origen al nombre latino *lolium temulentum* (cizaña), que significa «embriagante», en referencia a los efectos tóxicos que se le atribuían. No tanto a la planta en sí, sino a los parásitos que se alojan en sus espigas.
El término permanece en el uso común de forma metafórica: «sembrar la cizaña». ¿Cuántos de nosotros, a veces, vemos nacer y crecer dentro de nosotros sentimientos que jamás imaginamos ser capaces de tener? Esto es un misterio.
A veces, nuestro corazón es asaltado por sentimientos que nos avergüenzan. La presencia invasiva de la cizaña en un hermoso campo de trigo provocó una reacción espontánea de los agricultores, que quisieron erradicarla de inmediato, corriendo el riesgo de arrancar también el trigo. Algo semejante ocurre con nuestras reacciones cuando condenamos a las personas al infierno sin esperar a que se conviertan.
La pedagogía de Dios en el tiempo de la cosecha
En realidad, la práctica correcta es la sugerida por el dueño del campo. Como aconseja un buen agrónomo, hay que dejar que ambos crezcan juntos hasta la cosecha. La técnica consiste en esperar el momento de la cosecha, cuando es más fácil identificar y arrancar la mala hierba, atándola en haces para quemarla y separando el trigo para almacenarlo. Durante la etapa de crecimiento, la cizaña se parece mucho al trigo; la diferencia es que la cizaña tiene granos negros.
El combate contra el mal interior para que florezca el trigo
Cada uno de nosotros recibirá su juicio particular. No te preocupes por la vida ajena. Cuida de tu propia vida, cuida de tu corazón para que no se convierta en cizaña, sino en trigo. La reacción inicial de aquellos agricultores muestra el celo de los intolerantes, que quisieran intervenir de manera violenta e inmediata, con venganza y condenas, creando un clima de terror y una comunidad atemorizada.
Jesús reafirma constantemente su ley fundamental de la no violencia y, al mismo tiempo, recuerda la dureza del corazón humano. Él condena todo juicio precipitado; basta considerar cómo Jesús actuaba con todas las personas. Por eso, hoy, abramos nuestro corazón y permitamos que el Señor hable a cada uno de nosotros.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



