La vid como fuente de nuestra fidelidad
En este día queremos llevar a tu corazón algo muy importante: Jesús es la verdadera vid y de Él brota la fuente de la vida. El Evangelio de San Juan nos dice:
“Permaneced en mí y yo permaneceré en vosotros. El sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque sin mí nada podéis hacer” (Juan 15, 1-8).
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El Evangelio de San Juan nos introduce en una de las imágenes más profundas usadas por Jesús: la vid y los sarmientos. No es solo una comparación hermosa, sino una revelación del misterio de la vida cristiana.
La verdadera vid y la revelación del misterio cristiano
Cuando Jesús afirma: “Yo soy la verdadera vid”, en el Antiguo Testamento el pueblo de Israel se comparaba frecuentemente con una vid plantada por Dios. Sin embargo, muchas veces esa vid no produjo los frutos esperados.
Ahora Jesús se presenta como la nueva vid, aquella que realiza perfectamente el plan de Dios. Es decir, en la vida espiritual, si no estamos injertados en la vid que es Cristo, no podremos dar fruto alguno, y nuestra vida será estéril. Podemos decir que somos católicos, que somos cristianos, que vamos a Misa, pero si no permanecemos en Cristo, no daremos fruto, y nuestra vida no agradará a Dios.
El llamado a la dependencia de Dios
Por eso Jesús dice claramente: “Sin mí nada podéis hacer”. El gran engaño de la vida espiritual es pensar que damos fruto por nosotros mismos. Pero el Evangelio nos recuerda que la gracia viene de Cristo.
Pidamos a Dios que nuestro corazón esté verdaderamente injertado en la vid que es el Señor, para que podamos dar buenos frutos, y frutos que permanezcan.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



