La salvación integral en Cristo: reflexiones sobre la curación del paralítico de Cafarnaún
En aquel tiempo, le trajeron a Jesús un paralítico llevado por cuatro hombres, pero al no poder llegar hasta Jesús a causa de la multitud, abrieron el techo justo encima del lugar donde él se encontraba. Por esa abertura, descolgaron la camilla en la que el paralítico estaba acostado. Al ver Jesús la fe de aquellos hombres, dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. (Marcos 2, 1-12)
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El episodio de la curación del paralítico en Marcos 2 es una de las más bellas demostraciones de la misión de Jesús en la Tierra. Más que realizar un prodigio físico, el Señor revela Su autoridad divina al tocar la raíz del sufrimiento humano. Para comprender la profundidad de este milagro, necesitamos mirar más allá de la discapacidad física y ver la restauración del alma, para que haya una salvación integral.
La teología de la retribución: pecado y enfermedad
En aquel contexto bíblico, regía la llamada teología de la retribución. Se creía en una relación directa de causalidad entre el pecado y la enfermedad: si alguien sufría una enfermedad grave, era visto como culpable de un pecado igualmente grave. Esta visión distorsionada transformaba al enfermo en un excluido de la comunión con Dios.
Muchas personas sufrían doblemente: por el dolor físico y por la condena moral impuesta por la sociedad religiosa de la época. Jesús, sin embargo, rompe con esa mentalidad. Él no ve al hombre solo como un portador de una discapacidad, sino como alguien que necesita una liberación que va más allá de la carne.
Jesús como “Soter”: el Salvador que desbloquea el corazón
Aunque Jesús realiza milagros, Él no vino al mundo para ser solo un taumaturgo o un curador de enfermedades temporales. Él vino para ser el Soter (Salvador). Su misión principal es quitar de la humanidad la mayor de todas las parálisis: aquella provocada por el egoísmo, por el amor propio excesivo y por el encierro en sí mismo.
Al volverse hacia el paralítico, Jesús realiza un “desbloqueo” espiritual. Antes de ordenar que el hombre camine, Él sana el corazón que estaba estancado. Él muestra que las verdaderas ataduras nacen en el interior del hombre. Al perdonar los pecados, Cristo ataca la raíz de la parálisis espiritual, devolviendo al individuo su comunión plena con Dios.
Dignidad y salvación integral de la persona humana
Los gestos de Jesús causan asombro al trabajar en dos dimensiones: la invisible (perdón de los pecados) y la visible (curación de la parálisis). Jesús presenta la salvación integral. Él nos enseña que salvar a alguien socialmente, ignorando su dimensión espiritual, es una negligencia contra la dignidad humana.
La verdadera caridad y la mejor filantropía consisten en ayudar al prójimo a recuperar su dignidad a partir de la revelación del amor de Dios. Mientras críticos de corazón endurecido se enfocaban en la ley, Jesús se enfocaba en el bienestar total del ser humano. Que Él convierta nuestros corazones para que podamos ver al otro con la misma profundidad.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



