La presencia de Cristo en medio de las tempestades nos hace confiar y no tener miedo
“Aquel día, al caer la tarde, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Crucemos a la otra orilla’. Despidieron a la multitud y llevaron a Jesús consigo, tal como estaba en la barca. Había también otras barcas con Él. De pronto se desató una fuerte tormenta y las olas se lanzaban dentro de la barca, de modo que la barca ya comenzaba a llenarse. Jesús estaba en la parte de atrás, durmiendo sobre un cabezal.” (Mc 4,35-41)
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La jornada de la fe muchas veces nos conduce a “otras orillas”, desafiando nuestra estabilidad y probando nuestra confianza en el Señor. Incluso cuando llevamos a Jesús con nosotros en nuestra “barca” —ya sea en la vida familiar, en el trabajo o en los desafíos de salud— somos sorprendidos por vientos fuertes que intentan sacudir nuestra paz, nos trae miedo. Sin embargo, la presencia de Cristo es la garantía de que la inseguridad no tiene la última palabra.
El Ejemplo de Don Bosco y la Misión de Salvar Almas
En este día festivo, celebramos con profunda alegría a San Juan Bosco, el patrono de la juventud y padre de la familia salesiana. Don Bosco nos enseña que el empeño por la salvación de las almas, especialmente de los jóvenes, exige un corazón impulsado por la confianza plena en Dios. Como decía el Padre Jonas Abib, inspirado en esta raíz salesiana, debemos comenzar con los jóvenes, pues con ellos es más fácil. En ellos, la semilla del Reino encuentra suelo fértil para crecer y transformar el mundo.
Es impresionante notar que, aunque los discípulos estaban con Jesús físicamente en la barca, sus corazones aún no estaban totalmente preparados para lanzarse a la confianza. Cuando las olas subieron, el miedo y la inseguridad los vencieron. Muchas veces, nosotros también hemos tenido experiencias reales con Dios. Sin embargo, cuando surgen los desafíos cotidianos, permitimos que la tempestad parezca mayor que la presencia del Señor que nos acompaña.
Yo Llevo a Jesús Conmigo: Una Decisión Diaria
Llevar a Jesús consigo no es un acto aislado, sino una conciencia constante que debe permear todas nuestras actividades. Ya sea en el camino al trabajo, al realizar un examen médico en el hospital o en momentos de espera e incertidumbre, la afirmación “Yo llevo a Jesús conmigo” debe ser nuestro sustento. Si Él está en la barca de nuestra vida, no hay motivo para temer a las tribulaciones, pues Su presencia nos mantiene seguros.
La Intercesión de San Juan Bosco y la Fe que Camina
Pedimos hoy la intercesión de Don Bosco por todos los que acompañan esta homilía en su rutina —en el auto, en el trabajo o en casa—. Que el Señor sea nuestra seguridad. Al reconocer que Él está en medio de nosotros, somos fortalecidos. Así, podemos atravesar cualquier ventarrón, confiando en que Él vela por nosotros, incluso en los momentos de aparente silencio. Que la verdad del Evangelio nos ayude a anclar nuestra alma en la certeza de la protección divina.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



