02 Dec 2017

Volvamos nuestro corazón para Dios

Nuestro corazón se vuelve muchas veces, sensible a los problemas, las dificultades y perdemos la sensibilidad de la gracia

“Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes” (Lc 21,34).

En estos tiempos, en que estamos viviendo en una constante expectativa del Señor en nuestro medio, por que Él viene a nuestro encuentro; corre un grave riesgo de perder la sensibilidad por el Divino, por el Sagrado,la sensibilidad por las cosas de Dios.

¿Cuando perdemos la sensibilidad? Cuando nos entretenemos mucho en las cosas, en los placeres y, especialmente, en las distracciones que el mundo nos da, también cuando enfocamos en nuestros problemas y en las dificultades que nosotros enfrentamos en la vida.

Nuestro corazón a veces es sensible a los problemas, a las dificultades, a las situaciones que estamos pasando y perdemos la sensibilidad de la gracia.

La primera cosa: vamos tomar mucho cuidado con la gula, el exceso de alimentación. Quedamos pesados, quedamos llenos de alimento y perdemos el gusto por el alimento celeste. No vivimos solo de pan, vivimos de la Palabra de Dios, por eso no podemos centrar nuestro corazón en el exceso de comer y beber. La embriaguez es un mal de nuestros tiempos, presentes en muchas familias, en muchos hogares. Muchas vidas están deshaciendo por causa de la bebida.

Esta llegando las celebraciones de Navidad, de Fin de Año, y para algunos estas fechas representan: lo que vamos comer, beber y después las preocupaciones con las cuentas para pagar, y perder la sensibilidad por el esencial: la sensibilidad por el Cristo, por el Señor, por la Palabra de Dios viva y presente en nuestro medio.

No pierdas el foco, no desvíe del esencial, no enfoquemos de ninguna forma en todo aquello que queremos celebrar en el comer, en el beber, en el vestir y en las preocupaciones de la vida, porque el Señor viene a nuestro encuentro y no estamos preparados para recibirlo, porque desgraciadamente, para muchos de nosotros, celebrar la fiesta es comer, beber y simplemente celebrar. Cuando, en realidad, celebrar Aquel que nosotros queremos acoger en nuestro medio, es tener un corazón convertido y vuelto para Él.

Esta es la fiesta que debemos celebrar con el alma, con el corazón y con la vida.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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