06 Mar 2021

Vivamos la religión de la misericordia y de la bondad

“El joven le dijo: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo” (Lc 15, 21).

La parábola que generalmente llamamos de “la parábola de hijo prodigo”, en realidad, revela una grandeza mayor de un padre que es prodigioso, de un padre que tiene más amor, mucha misericordia y una extrema bondad sin explicación humana.

Poniéndose en situación de estos tres personajes, podemos reflejar nuestra propia vida, porque en la vida somos así: hay momentos que somos el padre, otros somos el hijo más nuevo, aún estando en la casa del Padre, aún en la Iglesia, no conseguimos ver el bien y la misericordia.

Cuando miro para este hijo más viejo, que no supo acoger ni amar, que ya se sentía un santo compasivo, que siempre rezo, nunca cometió pecado, nunca dejo la casa del padre, veo que él no se dio cuenta el tamaño de su orgullo, de su soberbia ni de su vanidad.

La religión que no nos hace acoger ni tener misericordia es la religión que nos engaña, que nos ilude

¡Que peligro es la vanidad religiosa! ¡Que peligro es la persona que se envanece de sus virtudes! ¡Que peligro es la persona que se envanece de sus practicas religiosas! “Yo adoro el Señor”, “Voy para la misa todos los días”, “Leo la Biblia todos los días”, “Hago eso, hago aquello” … Pero en el momento de vivir la religión se comporta peor que un pagano. En el momento de amar, él juzga; en el momento de perdonar, él condena; en el momento de acoger, él desprecia. En lugar de ser siervo, se convierte señor; en lugar de correr para acoger y abrazar el otro, él se pone de una forma soberbia y orgullosa por encima de los demás.

La religión que no convierte el corazón, la religión que no nos convierte humildes, la religión que no nos hace acoger ni tener misericordia es la religión que nos engaña, que nos ilude. ¡Es esta la religión, desgraciadamente, vivida por el hijo más viejo, que vivió mucho tiempo en la casa de su padre, pero no aprendió nada! Es esta religión que practicamos y de cual tenemos orgullo. “Hace 30 años que soy de la Iglesia”, “Soy ministro de la Eucaristía”, “Yo nací en la Iglesia”, “Soy ministro de Eucaristía”, “Yo nací en la Iglesia”, pero hasta el momento no perdió nada con el corazón de Dios.

La religión que el hijo más viejo necesita aprender es la religión que su padre vive: el padre que acoge, que esta de brazos abiertos, el padre que día y noche sueña en tener sus hijos de vuelta. Y no importa cual sea la situación, cual sea el pecado, no importa cuales sean el lodo que tu hijo se sucio en la vida.

Necesitamos convertirnos de ese corazón viejo, de ese hermano más viejo, para tener un corazón del padre que acoge y ama si juzgar, sin condenar; un padre que sabe cuidar desde la herida pequeña hasta la mayor que el pecado ha causado en tu corazón.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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