05 Nov 2019

Somos invitados para el gran banquete de la vida

“Porque les digo que ninguno de aquellos hombres que fueron invitados probará mi cena” (Lucas 14,24).

Qué dura sentencia es la que nos da Jesús, hoy, en el Evangelio. La verdad, es la sentencia del patrón que mandó a sus empleados a invitar a la fiesta y los invitaron comenzaron a poner excusas, tenían otras ocupaciones y no podían responder a la invitación del patrón. Por eso, el patrón mandó a llamar a los que se encontraban en las plazas, en las calles, a los pobres, los ciegos, los cojos para que participaran de la fiesta que preparó.

Los verdaderos invitados, los primeros invitados, los que fueron agraciados no le dieron importancia a la gracia de esa invitación y del llamado porque estaban muy ocupados.

Las personas egoístas e individualistas generalmente son así, están muy ocupadas en sus negocios, trabajas y en su vida.

Muchas veces, veo que los padres no tienen tiempo para sus hijos; los matrimonios no tiene tiempo uno para otro, están muy ocupados consigo, con sus cosas y con su mundo.

Como mínimo, necesitamos acercarnos a la Eucaristía, el gran banquete de la vida, una vez por semana

Mirémonos hacia nosotros, servidores de Dios, para el banquete celeste, estamos muy ocupados para las cosas de Dios. Sé que en la vida tenemos obligaciones, compromisos y responsabilidades. ¡Qué maravilla es, de hecho, que nos ocupemos de nuestras obligaciones! Pero es necesario tener cuidado para no despreciar. Tenemos que tener cuidado para no perder el foco de lo esencia. Jesús es quien nos llama y nos invita, por eso no podemos olvidarnos de algunas cosas.

No podemos olvidarnos del banquete eucarístico, necesitamos, como mínimo, acercarnos a la Eucaristía una vez por semana, el gran banquete de la vida. No podemos dejar de lado la Palabra de Dios, no podemos excusaron de estar cansados y de que trabajamos muchos para no acercarnos diariamente a meditar la Palabra de Dios.

No podemos dejar de lado nuestra oración personas. Podría ir hacia otras esferas: un matrimonio no puede olvidarse de su oración conyugal, los padres no pueden olvidarse de orar con sus hijos. Cada una de las situaciones no puede ir ocupándose de otras cosas que no sea lo primero, lo esencial.

Aquel que ama a Dios, se ocupa de Dios y deja que Él ocupe un lugar esencia en su vida y en su corazón.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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