27 Feb 2020

Renunciar es, por encima de todo, dejar el alma vacía

“Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga” (Lc 9,23)

La invitación del maestro Jesús es para seguir a Él, pero todo seguimiento exige condiciones; y para seguir a Jesús no es distinto. Muchos quieren seguir a Él y no consiguen, otros comienzan a seguir a Él, pero, abandonan, porque los camino del mundo parecen más fáciles y atractivos. Además, para seguir a Jesús, primero, es necesario renunciar a sí mismo.

La palabra “renuncia” pare muy pesada, pero, por encima de todo, ella es abandono, y dejarse vacío. Nosotros somos muy “llenos de nosotros”, llenos de voluntad propria, llenos de querer”; y como nosotros nos “llenamos mucho”, nos convertimos incapaces de estar vacíos.

¡Renunciar es, por encima de todo, dejar el alma vacía, la voluntad, los pensamientos, los sentimientos, para que, así, podamos llenarnos de los sentimientos de Dios y para que ellos estén en nosotros! Por eso, trabajemos la renuncia en cada día de nuestra vida.

Renunciemos las pequeñas cosas. Renunciemos a esta voluntad que tenemos de aparecer, a estas discusiones que trabamos en casa, con la familia, en las redes sociales; renunciemos a estas vanidades que nos rodean a cada día; renunciemos nuestra petulancia, nuestro orgullo, nuestra soberbia; renunciemos el resentimiento, el rancor, la tristeza; renunciemos este sentimiento de venganza que alimentamos dentro de nosotros; renunciemos la maldad que esta en el alma. Es necesario para poder avanzar y crecer en la intimidad, en la espiritualidad y en nuestra relación con Dios.

La palabra “renuncia” parece muy pesada, pero, por encima de todo, ella es abandono

Entonces, la primera necesidad para seguir a Jesús es la disposición de renunciar; después, abrace tu cruz, porque de nada vale solo coger y decir: “Que pesada la cruz”, también es necesario abrazarla. Abrazar la cruz como la salvación de la propia vida es dar sentido a propia vida y existencia. En lugar de quedar reclamando de las circunstancias de la vida, del dolor, de la enfermedad; de las situaciones que enfrentamos: el matrimonio que no esta tan bien o esta, pero de cualquier forma que queríamos o de la familia que enfrenta “esta o aquella” situación, abrace a esta cruz. Lo que tu reclama, rechazas, que no toma para si mismo: tu no abraza, no ama. Cruz es para ser amada; Cristo abrazo la cruz y la llevo con todo Su corazón.

Nosotros somos invitados a vivir la espiritualidad del crucificado, es más que llevar una cruz en el pecho, es abrazar la cruz de la vida, de la existencia con todas tus circunstancias y transformarla por la luz del Evangelio, por la luz de Cristo Jesús. Sin cruz nadie sigue a Jesús.

Seamos discípulo del maestro, renunciando, a cada día, nuestro ego y abrazando las cruces que están a lo largo de la vida.

¡Dios te bendiga


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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