02 Nov 2019

Dios es nuestros consuelo para nuestra salud

“Porque yo sé que mi Redentor vive y que él, el último, se alzará sobre el polvo. Y después que me arranquen esta piel, yo, con mi propia carne, veré a Dios” (Job 19, 25-26).

Hoy, celebramos nuestro hermanos fallecidos, la Iglesia conmemora todos los fieles difuntos. Hacemos memoria a todos aquellos nuestros parientes que ya se fueron para la eternidad.

Un día por año, la Liturgia nos da la gracia de celebrarnos todos ellos. En realidad, se trata de comunión de los santos, la comunión de la Iglesia.

La Iglesia vive la comunión con nosotros que estamos aquí, somos la Iglesia peregrina, hacemos comunión con la Iglesia que esta en el Cielo, que ya es la Iglesia triunfante con Dios; y hacemos comunión con la Iglesia, nuestros hermanos que partirán de esta vida más aún pasan por el proceso de purificación en el purgatorio.

Es una realidad linda, maravillosa y admirable de nuestra fe, es la mayor expresión de misericordia de Dios. Dios no es ocho ni ochenta, Él es la extrema bondad y misericordia.

Que la nostalgia sea cultivada por la fe y por la seguridad de que nos encontraremos todos juntos en la casa del Padre

La bondad y la misericordia de Dios comportan también la justicia de Dios. Si no nos santificamos de forma suficiente para estarnos en la presencia de Él (porque necesitamos ser totalmente santos, purificados y renovados) tendremos el vestíbulo del Cielo que es el purgatorio. Y muchas almas están allí, esperando la purificación plena para poder participar de la gloria de Dios.

En el día de hoy, somos invitados a rezar por las almas del purgatorio, por nuestros hermanos que ya fueron para la eternidad para que puedan lograr plenamente la purificación de sus pecados.

El Libro de los Macabeus nos habla de la importancia de la oración por los muertos, como es importante ofrecernos el sufragio por sus pecados, para que, ellos también sean considerados justos y dignos de participar de la gloria celeste. Un día también seremos nosotros. Y vamos necesitar de la oración de los hermanos que están juntos.

En el día de hoy, hagamos comunión, vamos ofrecer nuestra oración, nuestra penitencia y nuestra presencia en los cementerios para rezar por nuestros hermanos que ya partirán.

Es verdad que, el día de hoy, provoca mucha nostalgia en nuestro corazón, cuando hacemos memoria de muchas personas queridas. La nostalgia es saludable si es movida, especialmente por la fe, cuando dejamos que la fe guie y ilumine, para que la nostalgia no se transforme en un remordimiento, en un dolor profundo y mortal, pero que la nostalgia sea cultivada por la fe y por la seguridad de que nos encontramos todos juntos en la casa del Padre.

Que nuestros hermanos fallecidos encuentren en Dios el descanso eterno. Y, nuestro corazón, lleno de nostalgia, encuentren en Dios el consuelo.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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