22 May 2019

Cuando permanecemos en Cristo, producimos muchos frutos

“Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía” (Jn 15, 1-2).

Jesús es la vid, aquella donde estamos unidos y vamos en Él producir frutos. Necesitamos dejar que el Padre moje esa vid, para que, permaneciendo en Cristo, podamos producir frutos.

Hay una cosa importante: el verbo esencial que necesitamos, hoy, guardar en nuestro corazón es justamente: permanecer en Dios, no basta estar una vez o otra con el Señor, estar una vez o otra en la iglesia, rezando a veces. Permanecer en Él quiere decir tener el Espíritu en Él en nosotros y nuestro espíritu estar en Él nos mantiene vigilantes, atentos y conectados en Dios.

¡Como es importante esta conexión de nuestro humano con el divino, que es Dios! Esta conexión, esa comunicación, no puede ser interrompida, porque lo que da la vida de Dios en nosotros es nuestra comunión con Él, es nuestra conexión con Él, es permanecer en Él.

Es necesario un esfuerzo para permanecer. El esfuerzo de mojar, cuidar y alimentar. Entonces, primero, cuidar de nuestra relación con Dios, cuidar para que vivamos nuestras practicas devocionales, practicas de oración, pero, por encima de todo, alimentar estas practicas con una vida oracional concreta.

No dejes la Palabra de Dios, no dejar de alimentarse de ella, de mojar su corazón día a día, cultivando una intimidad con el Señor por medio de Su Palabra.

Vamos dar frutos en Dios cuando permitimos que Él no solo cuida de nosotros, pero también puede podar nuestro corazón

No solo dejes el Señor mojar, pero deja también, como dice la Palabra de Dios, Él podar tu corazón. Quien cuida de arboles sabe como es importante podar primero, porque tiene aquellas ramas que están sueltas, aquellas ramas que no sirven para más nada, especialmente, podar para que el fruto pueda parecer y realmente florecer.

Vamos dar frutos en Dios cuando permitimos que Él no solo cuida de nosotros, pero puede nuestro corazón, puede las malas inclinaciones que están naciendo en nosotros, aquellos celos, aquel mal resentimiento o tristeza. Que el Señor pueda podar aquel comportamiento que no estamos dando atención, pero esta molestando nuestra relación con Dios, nuestra vida de comunión con los hermanos.

Es gracia ser podados por Dios, ser corregidos por Él, porque es siendo corregidos por Él que nosotros permanecemos en Él, y Su amor solo crece en nosotros.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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