15 Jan 2019

Jesús vino para destruir el maligno que esta entre nosotros

Dejémonos Jesús destruir la fuerza del mal en nuestro corazón, dejémonos Él destruir el poder del maligno que esta actuando en nuestra vida

“Entró en aquella sinagoga un hombre que estaba en poder de un espíritu malo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé que tú eres el Santo de Dios” (Mc 1, 23-24).

La primera cosa que necesitamos afirmar es: Jesús vino para destruir el mal, porque si Jesús no destruye el mal y los espíritus malignos, ellos destruyen nuestra alma, nuestra mente, voluntad y comunión con Dios.

Necesitamos permitir que Jesús destruya el poder del mal. Mira que Jesús no solo expulsa el maligno, pero destruye la fuerza de Él en nuestra vida, porque, cuando la fuerza del mal entra en nuestro corazón, ella nos corrompe por dentro. Comenzamos a tener pensamientos malos, sentimientos malos, convicciones malignas, comenzamos a hacer el mal de forma que parezca natural. La maldad se convirtió una cosa elemental en nuestra vida natural, y eso no puede. Por eso necesitamos invocar el poderoso nombre de Jesús, para destruir la fuerza del mal dentro de nosotros.

Cuando entra un mal pensamiento en nosotros, ese pensamiento es alimentado y crece; entonces, quedamos malos. Cuando llevamos ese malo pensamiento adelante, él provoca un mal mayor. Cuando cultivamos un malo sentimientos sobre alguien, ese sentimiento es destructivo. Miremos lo que el resentimiento hace en nuestra vida: la herida, el odio y el rancor destruyen la fuerza del amor en nosotros, después, nuestras relaciones. Y, por donde vamos, espejamos y sembramos el mal.

Cuando estamos con rabia o resentidos con alguien, llevamos ese mal para los demás. Cuando nos recordamos de aquella persona, quedamos irritado y también irritamos el ambiente en que estamos, porque el mal esta en nosotros. Creemos siempre que el mal es aquella persona, y ella puede incluso puedes tener maldades, pero el problema es la maldad que ella tiro en nosotros, y nosotros la compramos.

Dejémonos Jesús destruir la fuerza del mal en nuestro corazón, dejémonos Él destruir el poder del maligno que esta actuando en nuestra vida, esta corroyendo, corrompiendo nuestras relaciones y nuestra relación con Dios.

Jesús vino para destruir el mal, para expulsarlo de nuestra vida. El demonio no es nuestro problema, porque él un derrotado por Dios, pero es el joyo y la fuerza maligna que él siembra, y nosotros, muchas veces, la compramos. Jesús vino para destruir el mal en nuestra vida.

Permitamos que el poder de Dios realice lo que Jesús vino para realizar entre nosotros.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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