01 Oct 2021

Acojamos la Palabra de Dios anunciada a nuestro corazón

“¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza” (Lc 10, 13).

La Palabra de Dios dirigida a estas ciudades: Betsaida, Corazín, Tiro y Sidón es, en realidad, una advertencia a estas ciudades impenitentes. Porque ellas testimoniaron, han visto los milagros, recibieron el anuncio de la Palabra, pero no se convirtieron, no cambiaron de vida y no hicieran penitencia por sus pecado, no se pusieran delante de la misericordia de Dios para acoger la Palabra que fue anunciada.

Si miramos para nuestras ciudades hoy, cuantas ciudades impenitentes, cuantas ciudades que no se convirtieron y no se abren para la gracia de Dios. Cuantas de nuestras familias son agraciadas por la presencia del Señor, incluso escuchan la Palabra, pero no se dejan convertir por ella. La Palabra de Dios anunciada a nuestros corazones es para nuestra conversión; y es eso que somos llamados por el Señor.

Que la Palabra de Dios hoy sembrada, que la Palabra de Dios que viene a nuestro encuentro nos despierte para el valor de la penitencia

En el inicio de más un mes en nuestra vida, que no sea simplemente más un mes comenzando, que sea realmente un mes donde tengamos la seguridad del propósito de la conversión. La conversión comienza por la penitencia. Penitenciar es reconocer: “Yo soy pecador. Tengo muchas miserias y he cedido, muchas veces, mis debilidades. He caído en el pecado”.

¿Cuál es el medio de reconocernos que pecamos y equivocamos? No es simplemente decir: “Soy pecador”, es necesario atacar el mal del pecado, especialmente porque el pecado, una vez no reconocido y no reparado, va creando cuerpo, forma, va creciendo en nosotros. Es por eso que es necesario penitenciarse, es necesario de hecho hacernos gestos y trabajar nuestra voluntad y nuestro interior para convertir nuestro corazón.

Que la Palabra de Dios hoy sembrada, que la Palabra de Dios que llega a nuestro encuentro nos despierte para el valor de la penitencia. Penitenciar por nuestros pecados; que Dios tenga misericordia de nosotros como tuvo misericordia y compasión de Tiro y Sidón, como tuvo de Nínive y de las ciudades que acogieran la Palabra y se convirtieran. ¡Que nuestro corazón se convierta al Evangelio!

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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