24 Dec 2018

Abramos nuestro corazón para acoger el Salvador

Estamos reuniéndonos para contemplar el divino Salvador, estamos reuniéndonos para abrir nuestro corazón, para que Él viva en nosotros

“Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos” (Lucas 1, 76).

Hoy, vivimos la feliz expectativa de nacimiento del divino Salvador. Nuestras casas, iglesias y capillas, especialmente nuestro corazón, se preparen para recibir el nacimiento de Aquel que es nuestro Salvador.

Necesitamos preparar los caminos. Y preparar los caminos quiere decir preparar las casas, las familias y nuestra vida para que Jesús esté en nuestro medio salvándonos, redimiéndonos, libertando y restaurándonos.

Estamos sedientos de una vida nueva, sedientos de renovación y amor, estamos pasando por momentos difíciles y delicados en la vida. ¿Y para donde iremos volver nuestro corazón? Para Jesús, porque Él es nuestro Salvador.

¡Que nuestros ojos no estén vueltos para nadie más, porque no existió hombre, mujer o otro profeta! Solo Jesús nos salva y nos redime, solo en Jesús esté nuestro corazón, que Él sea nuestro único regalo en esta noche y por toda nuestra vida. Él sea la única luz a irradiar nuestra alma y nuestro corazón.

El esencial que vamos celebrar no es estarnos alrededor de las mesas repletas de regalos y comidas. ¡Eso es hasta accidental, si tenemos excelente! Pero si no tenemos, lo que no puede faltar es la promesa de Jesús, es el amor de Él vivo en nuestro medio.

Estamos reuniéndonos para contemplar el divino Salvador, estamos reuniéndonos para abrir nuestro corazón para que Él viva en nosotros.

Yo solo puedo desear que tu casa, que tu familia, que tus encuentros de Jesús. Yo solo puedo desear que, donde estés, en esta noche, Jesús sea el centro, el celebrado, el amado. Que Él sea la luz que irradia todas las cosas. No miremos tanto para el árbol que va estar brillando, para el Papa Noel que pueda estar allá. Miremos para Jesús, conversemos sobre Él, permitamos que Él sea el asunto principal, permitamos que Él sane el hambre que todos nosotros vivimos, sino, vamos saciarnos de otras cosas; y mañana vamos despertar en la misma resaca y en el mismo vació.

Solo Dios rellena la ansiedad de nuestra alma y de los deseos de nuestro corazón. Abrámonos para acoger aquel que vino enteramente salvarnos: Jesús presente en nuestro medio.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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