18 Mar 2018

La muerte en Dios es vida plena

La muerte en Dios es vida plena, vida resurgida que nos da eternidad

“Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24).

Cristo es el grano de Dios en nuestro medio. El grano es pequeño, hasta parece insignificante, pero es de él que sale el alimento que nos abastece. Cristo es el “grano” que se convierte el “pan” que nos salva, nos redime, nos alimenta y nos sacia. Cristo es el Pan de la Vida, pero Él nace (…) como aquel grano citado en el Evangelio: es necesario que el grano que caiga en la tierra muera, para así, producir frutos (…..).

Cristo es Aquel que muere y su muerte nos da la vida. Yo sé que la muerte parece la cosa más temerosa, por parte del corazón de cada uno de nosotros, pero la muerte en Dios es la vida plena, vida resurgida que nos da la eternidad.

Es necesario morir para vivir la vida nueva en Dios y aquí no vamos pensar solo en la muerte final, porque ella es la puerta de entrada para la eternidad, para bienaventuranza en Dios. Es nuestra muerte de cada día, es morir a cada día para que, la vida nueva en Dios, resplandezca en nosotros.

Dios no nos quiere siendo solo un grano de trigo, Él nos quiere siendo aquel grano que genera la vida, nos quiere saciados y que nos convertimos pan, así como Él se hizo para alimentar a muchos. Necesitamos morir a cada día, morir para nosotros mismos, para el pecado, morir para los temeros humanos que, muchas veces, no solo los mejores y incluso para las cosas buenas necesitamos morir para, así poder vivir.

El padre y la madre de familia necesitan morir para sus voluntades para que, la familia tenga vida, y sus hijos sean bien creados. Es el despertar temprano, las laborales de trabajo; todo lo que se consigue para que sea fructuoso en la vida, es hecho con mucha muerte para consigo mismo.

La “muerte” quiere decir compromiso, entrega, oblación. Es necesario que hagamos oblación de nuestra vida a cada día, de nuestra voluntad que no genera vida, pero no genera la muerte para que la vida esté en nosotros.

El ejemplo de Cristo es solo para ser admirado, por el contrario, es para ser seguido. Él nos trajo vida en plenitud y en abundancia, además, solo tenemos vida en plenitud y en abundancia, si sabemos morir. Quien sabe morir, sabe vivir.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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