16 Mar 2018

La malicia del corazón nos hace ciego

Jesús es la santidad de Dios en nuestro medio y todos Sus actos son repletos de bondad para rescatar el corazón humano de las garras del mal

“Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido. No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras” (Sab 2, 21-22).

La iniquidad del mundo es tener los pensamientos lejos de los pensamientos de Dios. El pensamiento de la iniquidad nos conduce para una vida tuerta, lejos de la gracia y del pensamiento del Señor. Los pensamientos del mundo son rodeados por una soberbia que envanece, ciega y no nos permiten ver el mundo como él es, y tampoco la maldad que se introduce, muchas veces, dentro de nuestro corazón. La soberbia del mundo no es simplemente no creer en Dios; la soberbia del mundo es negar los valores humanos, divinos y cada uno dejarse guiar por la ceguera del corazón humano.

El pensamiento de los impíos estaban rodeados de malicias; y las que nos convierte ciegos son las malicias del corazón, ellas no nos permiten ver las realidades espirituales en nosotros y, no conocemos los secretos de Dios.

Los secretos de Dios no es algo escondido, que no podemos tener acceso. Los secretos de Dios son divinos, salvíficos, traen gracia y santidad para nuestra vida. Pero no dan valor al premio reservado a las vidas puras. ¿Qué es una vida pura sino una vida santa? El mundo en que vivimos esta simplemente despreciando la santidad y los valores divinos.

Contemplamos en este tiempo Cuaresmal, Jesús siendo despreciado, condenado, rechazado por los hombres. Él no es condenado por aquello que Él es. Jesús es la santidad de Dios en nuestro medio y todos Sus actos son repletos de bondad para recatar el corazón humano del mal, por ese motivo el mundo lo rechaza.

El mundo esta acostumbrado con el mal y no acepta ser liberado de la maldad. Pensemos en los cerdos que viven dentro de un chiquero; ellos no quieren salir de allí y hasta vociferan, rechazan, gritan si son retirados de aquella situación. Así es el mundo: vive sucio, cercado por todas las malicias; no acoge el Divino Salvador, rechaza la vida que Dios nos trajo.

Para vivir la santidad de vida en Dios, nuestra actitud tiene de ser contraria; tiene que ser la de rechazar el mundo con su suciedad, con su maldad y malicias. No podemos rechazar la salvación que Dios nos trajo.

¡Abramos nuestro corazón para acoger, a cada día, la vida nueva que Dios nos trajo!

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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