16 Nov 2019

La justicia de Dios es amplia y llega a todos nosotros

Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?” (Lc 18, 7)

La parábola de la viuda insistente e inoportuna que va a cada día llamar en la puerta del juez para que él haga justicia, para que él le conceda lo que es de derecho, nos muestra como debe ser también nuestra actitud delante de Dios.

Aquel juez no era un hombre de Dios, pero para estar libre de las tonterías de aquella viuda que molestaba a cada día, Él concedió lo que ella quería.

¡Dios es justo! Si Dios que es justo no hacer justicia por nosotros, quien va hacer? Por eso, necesitamos tener confianza en Él. Nuestra oración necesita ser una oración de insistencia, pero la insistencia no es por el miedo de no conseguir y tampoco creyendo que cuanto más pedimos, más quedamos tristes.

Es así que Dios nos va atendiendo: en primer lugar, nuestra oración debe ser de confianza, yo sé quien es el Dios a quien sirvo, quien es Dios a quien puse mi confianza y esperanza. Yo sé quien es el Dios en quien puse mi corazón, por eso, vuelvo a Él todos los días perseverante en la oración, sin desanimar, sin vacilar, sin desconfiar, pero teniendo la seguridad de que tiene un Dios que cuida de nosotros y atiende las suplicas de nuestro corazón.

La pregunta: “¿Dios no hará justicia?”, es porque Dios es siempre justo. Hacer justicia no significa dar las cosas de la forma que nosotros queremos, porque nuestra justicia humana es limitada y parcial.

La justicia de Dios es amplia, plena, divina, sagrada, ella es más que humana, ella es sobrenatural

¿Qué es justicia? Es hacer lo que queremos, lo que pensamos o lo que debe ser lo mejor para nosotros. Sí, es esta justicia que muchos quieren, pero la justicia de Dios es amplia, plena, divina, sagrada, ella es más que humana, ella es sobrenatural. Por eso, primero necesitamos buscar ser justos, pero no justos según nuestros ojos, y sí según Dios; y debemos clamar a cada día que la justicia de Él se establezca.

La justicia de Dios no es hacer todas las personas iguales, porque las personas no son iguales, la justicia de Dios es dar lo que es de derecho a cada uno.

Yo no puedo tratar una persona deficiente igual a una persona normal, no es que deficiente sea menos, por el contrario, es que él merece los cuidados para su deficiencia. Si un deficiente necesita de más atención, él tiene que tener más atención que yo que no tengo algunas deficiencias. Dios debe suplir mis deficiencias y no suplir mis deseos que, muchas veces, son injustos.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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