22 Mar 2022

La fuerza del perdón nace del corazón del padre

“En aquel tiempo, Pedro se aproxima de Jesus y pregunta: Señor, cuántas veces debo perdonar, si mi hermano pecare contra mí? ¿Hasta siete veces? Jesús respondió: No te digo hasta siete veces, pero setenta veces siete” (Mateo 18,21 – 22)

Vea mis hermanos, el número setenta, en la palabra de Dios, indica el infinito, sin límites. Y aquí tenemos el infinito multiplicado siete veces. O sea, una manera de perdonar muy extraña, una manera de perdonar que excede cualquier comprensión humana y va ser siempre así. El perdón va ser siempre un misterio. 

Es justamente por ser un misterio que Jesús enséñanos, del Alto de la Cruz, a referirse siempre al corazón del Padre del cielo si no quisiera aprender algo sobre el perdón. Si quisiéramos aprender algo sobre el perdón, no está dentro de nosotros la respuesta. Esta fuerza no está dentro de usted. 

Cuando Jesus, en el Alto de la Cruz, dice: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23,34), Jesús poderia muy  bien ter dicho: “Perdono usted por aquello que usted hace conmigo”, pero Jesus hace referencia al Padre del Cielo, porque Él quiso mostrarnos de donde nace la fuerza del perdón: del corazón del Padre. El corazón del padre que ama con amor infinito, el corazón del padre que ama con un amor exageradamente misericordioso. Entonces, es de Él que nosotros tenemos que aprender. 

Ahora, el primer asunto que aparece aquí en el Evangelio, trata de la parábola. El padre solo leyó el inicio del Evangelio, pero, después, Jesús cuenta aquella parábola de dos devedores: un que debía una deuda impagable y el otro que debía una divida irrisoria, muy pequeña, muy simple. 

El mismo perdón que recibimos de Dios, necesitamos dividir con nuestros hermanos. 

El primer devedor es alcanzado por la gracia, él recibe una gracia, porque la deuda fue totalmente perdonada, el propietario no quiso ni dar un tiempo para que el pagara, y perdonó toda la deuda. El segundo devedor tenía una deuda con aquel primero, que fue agraciado por el perdón. Vea, el primero recibe la gracia, y el segundo tiene en la deuda, en la posibilidad de recibir de aquel que fue agraciado, también el perdón. Eso es para mostrar que el perdón nace de la memoria de haber sido perdonado. 

Aquel primer devedor que tiene su divida totalmente perdonada, necesitaba haber hecho memoria de aquella gracia, de aquel perdón, para transmitir lo que él recibió para su hermano. Eso enseña alguna cosa, cuando pensamos en perdonar a alguien o pedir perdón a alguien, vamos a hacer memoria de que nosotros también, un día, fuimos perdonados. No un dia como algo lejos, por Dios, somos perdonados a cada segundo. A cada momento que nosotros pecamos, Dios manifestarse fiel y justo para perdonarnos si nosotros arrepentirnos de nuestros pecados y de nuestras faltas. 

Si tenemos una buena conciencia, vamos recordar lo que nosotros hicimos contra Dios, desafío usted a recordar de su última confesión, los pecados que usted contó delante del sacerdote, ministro de Cristo, vea las ofensas que usted hizo contra Dios y así vamos recordar de aquel Salmo: “Ah, si Dios tratarnos como exigen nuestras faltas” (Salmo 78) 

No fue así que Él no trató, Él trató con misericordia, con mucho amor. Entonces, mirando para mi: ¿quién soy? Mi debilidad, mi fragilidad, soy un santo en vestes frágiles o soy un pecador con máscara de santo? Eso necesita interrogar nuestro corazón, porque el mismo perdón que recibimos de Dios, necesitamos dividir con nuestros hermanos hasta setenta veces siete. 

 

Sobre todos nosotros, la bendición de Dios todo poderoso. Padre, Hijo y Espírito Santo. Amém! 


Padre Donizete Ferreira

Sacerdote da Comunidade Canção Nova.

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