La plena verdad con el Espíritu Santo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Todavía tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no sois capaces de comprenderlas. Cuando venga el Espíritu de la verdad, Él os guiará hasta la verdad plena, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que haya oído y os anunciará lo que está por venir” (Jn 16,12-15).
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Hermanos, para quien trabaja en el ámbito de la educación, no hay maduración del alumno sin una pedagogía específica. Cada alumno lleva en sí necesidades propias en su aprendizaje; aunque el grupo sea grande, cada niño necesita una atención particular.
El Espíritu que nos enseña gradualmente
En el proceso de enseñanza existe una gradualidad en la adquisición del conocimiento. Ningún niño comienza haciendo análisis morfológico o sintáctico. Por ejemplo, en el aprendizaje de la lengua, primero vienen las vocales, luego el alfabeto, después las sílabas, las palabras y así sucesivamente.
El Evangelio de hoy nos habla de esta gradualidad con la que el Espíritu actúa en cada uno de nosotros. Jesús fue muy claro: “Tengo muchas cosas que deciros, pero no sois capaces de soportarlas ahora”. Es decir, no podemos cargar con todo de una vez.
Es interesante esta expresión, porque la vida cristiana también tiene su peso, un estilo propio. El mismo Jesús dijo: “Toma tu cruz y sígueme”.
La providencia divina para el crecimiento espiritual
Cada vocación cristiana tiene su propio peso, y Dios, poco a poco, se va revelando ante nosotros. Es la sabiduría divina con la que Él gobierna todas las cosas en nuestra vida, lo que llamamos Providencia Divina. Dios respeta nuestro proceso personal de asimilación de las verdades de la fe y cuida profundamente de cada uno de nosotros.
Nadie es llamado a lo imposible; solo a lo que hoy te es posible, eso es lo que Dios espera de ti. Por eso pedimos el pan de cada día, porque cada día tiene sus propias preocupaciones.
En este camino gradual no puede haber espacio para la ansiedad que asfixia el presente. Por eso la presencia del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia y de cada fiel es esencial. Él es pedagogo, un educador capaz de sacar lo mejor de cada uno de nosotros, ayudándonos a dar pasos y a madurar en la fe.
El Espíritu que desciende en el Bautismo, que confirma en la Confirmación y que adorna con sus dones la vida de cada fiel, nos conduce a una fe madura, capaz de responder en todas las etapas de la vida al llamado de seguir a Jesús y entregarnos a Él. Jesús tiene paciencia con nosotros. Él camina a nuestro lado.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


