La invitación a Nicodemos para una vida en el Espíritu
Había un jefe judío, miembro del grupo de los fariseos, llamado Nicodemo, que fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido como maestro de parte de Dios. En efecto, nadie puede realizar los signos que tú haces si Dios no está con él». Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios». Nicodemo le dijo: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el vientre de su madre?». Jesús respondió: «En verdad, en verdad os digo: el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Juan 3,1-8).
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Pues bien, uno de los hombres más celosos del judaísmo va al encuentro de Jesús. No es que el celo sea algo negativo; al contrario, es una expresión de amor. Sin embargo, si se vuelve estéril, si no nos lleva a amar a Dios y a los hermanos, se vuelve vacío. Este hombre busca a Jesús de noche —un detalle que el Evangelio deja entrever, no porque tuviera miedo de exponerse, pues el mismo Nicodemo defenderá a Jesús ante todo el Sanedrín, tomará el cuerpo de Cristo ante los judíos y los romanos y lo colocará en el sepulcro—. La noche, aquí en el texto, quiere indicar que aún no ha nacido de lo alto. Todavía no ha visto la luz de Cristo en su vida. Es esa etapa de la búsqueda incesante de una respuesta.
Nicodemo y la búsqueda incesante
Nicodemo tiene incluso una religiosidad hermosa, digna de alabanza, pero todavía no ha conocido a la persona de Jesús. Tal vez hacía todo por mera tradición —tradición familiar o un aspecto social, religioso—. Nosotros podemos caer en la tentación de vivir una vida religiosa de ese modo, y convertir toda nuestra vida sacramental en una sucesión de actos sociales y automáticos.
Nicodemo cuestiona a Jesús con una propuesta que parece más avanzada que la técnica, por ejemplo, de la clonación: siendo viejo, volver a entrar en el vientre de nuestra madre. Con el paso del tiempo, ¡cuántas técnicas de manipulación de la vida sirven a ideologías e intereses que rozan el desprecio por los derechos humanos! Sin embargo, Jesús lo desconcierta al decirle que, si no nace de lo alto, no podrá ver el Reino del Mesías.
Ser engendrado por el Espíritu
Es interesante que el verbo utilizado está en forma pasiva: ser engendrado. Nicodemo no era capaz de engendrar para Dios solo practicando ritos, tradiciones y preceptos. No podía engendrarse a sí mismo; debía ser engendrado. Era necesaria una fuerza de lo alto que viniera en su ayuda. Y eso mismo sucede conmigo y contigo.
Llegamos a la Pascua del Señor no porque hayamos hecho una Cuaresma perfecta, llena de prácticas, sino porque Cristo nos ha dado el don de la vida nueva. De lo contrario, habríamos muerto en nuestras prácticas, y ellas serían vacías. Comienza, en el corazón de Nicodemo, aquello que sucederá en el corazón de todos nosotros: el movimiento del Espíritu. Es Él quien nos llevará al conocimiento de la plena verdad sobre nosotros y sobre Dios.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


