El desafío de creer nos exige abandono en el Señor
Conocer, proteger y también dar vida eterna: esa es la actitud del pastor.
Los judíos rodeaban a Jesús y le decían: “¿Hasta cuándo nos tendrás en duda? Si tú eres el Mesías, dínoslo abiertamente”. Jesús respondió: “Ya os lo he dicho, pero no creéis” (Jn 10,22-30).
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Hermanos y hermanas, ¡cuántas veces nuestra actitud es semejante a la de aquellos que quieren poner a Jesús en contradicción! ¡Cuántas veces nos hacemos los desentendidos delante del Señor!
Creer es cambio de vida
Sabemos lo que debe hacerse, pero no lo hacemos. No cambiamos de vida, no nos convertimos, no salimos del pecado ni hacemos penitencia, aunque conocemos el camino correcto. La palabra de Jesús para nosotros es: “Ya os lo he dicho todo y lo he revelado todo, pero no creéis”. Aquellos que escuchaban a Jesús en el Evangelio no eran de sus ovejas.
Nosotros, en cambio, somos las ovejas de Jesús. Por eso tenemos el deber de creer y de hacer lo que es necesario: convertirnos y confesar nuestros pecados. El acto de fe que necesitamos cultivar hoy es la perseverancia. Debemos desear perseverar en Dios, incluso en medio de las contrariedades.
Vencer las contrariedades con la perseverancia
Cuando seamos tentados a no creer, debemos vencer con las armas de la perseverancia y de la constancia en la gracia salvadora de Dios. Muchas veces nos falta constancia en nuestros propósitos. Hacemos el compromiso de rezar más y perseveramos solo dos días, sin mantener la constancia durante un mes o un año.
Quien es constante asume la oración como parte de su propia vida, transformando ese hábito en una virtud. Quien crece en constancia, ciertamente crecerá en la virtud. Esta es la gracia que pido para ti en este día en que escuchamos esta palabra.
Aquellos que intentaron poner a Jesús en contradicción terminaron encontrándose con sus propias contradicciones. A ti, Jesús, te entregamos nuestras contrariedades.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


