Oración, silencio y revelación
El Evangelio de Mateo, capítulo 17, versículos del 1 al 9, que vamos a leer ahora, es el relato de la transfiguración de Jesús. Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó aparte a una montaña alta. Allí se transfiguró delante de ellos; su rostro brilló como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. (Mateo 17, 1-9)
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Subir a la montaña con Jesús
La Cuaresma es ese tiempo de subida espiritual, de dejar el plano cotidiano para ir con Jesús a lo alto de la montaña. ¿Tienes esa disposición hoy, hermano mío, hermana mía, en esta Cuaresma, para dejar todo aquello que forma parte de tu día a día y subir a la montaña con Jesús?
El lugar de la montaña es el lugar de la oración, es el lugar del silencio y es el lugar de la revelación. La Transfiguración nos muestra estos tres elementos: la oración, el silencio y la revelación. Allí Dios transfigura a su Hijo Jesús para mostrar su gloria y su poder. Pero Dios quiere mostrar algo todavía más profundo.
La cruz como camino a la gloria
Detrás del rostro sufriente de Cristo, está la gloria del Hijo Amado. Debemos buscar la cruz como un medio para llegar a la salvación, pues a través de la cruz llegaremos a la gloria. Lamentablemente, muchos cristianos han hecho lo contrario: buscan la gloria de este mundo y rechazan la cruz de Jesús.
En el caminar cuaresmal, la montaña es algo fundamental para nosotros. Nos llevará a un profundo conocimiento del amor de Dios y de aquello que estamos llamados a vivir: un tiempo de renuncia y un tiempo donde necesitamos vencer la tentación. No se trata solo de buscar una vida de Eucaristía y confesión, sino una vida de entrega total a Dios.
El desierto que florece
El tiempo cuaresmal es el tiempo del desierto, pero en el desierto Dios hace florecer muchos corazones sedientos de Él. ¿Está tu corazón sediento de Dios? ¿Quieres subir a la montaña? ¿Quieres buscar la cruz para vivir la gloria?
¿O tienes miedo de avanzar, de dar un paso en la voluntad de Dios? Que el Señor nos ayude y quite de nuestro corazón todo desánimo, porque el tiempo de Cuaresma es un tiempo de lucha, de combate espiritual, y es ahí donde el demonio quiere atraparnos a través del desaliento. No te desanimes, sigue subiendo la montaña.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


