Enraizados en Cristo para permanecer en el amor del Padre
¡Qué gran alegría poder recibirte hoy! Vamos a compartir sobre aquellos que permanecen en el amor de Dios, que están profunda y espiritualmente enraizados en Él y, por eso, dan muchos frutos. Quiero pedir a Nuestro Señor esa gracia para nuestro corazón a través del Evangelio de San Juan, que nos dice:
“Como el Padre me ama, así también yo os amo. Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea completa.” (Juan 15, 9-11)
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El amor que viene del Padre debe permanecer en nosotros; el origen del amor es el Padre. Por eso Jesús comienza diciendo: “Como el Padre me amó, así también yo os he amado”.
Enraizarse para dar fruto
El amor que recibimos de Cristo, hermano, hermana, no nace simplemente de nuestro sentimiento humano, sino que tiene su origen en Dios mismo. Cuando estudiaba Teología, escuché algo muy importante de un profesor: “Para amar, necesitamos estar verdaderamente enraizados en Dios, porque solo amamos y realizamos gestos de amor si estamos bajo su gracia”.
La eficacia de permanecer en el amor
Él daba el ejemplo de un simple papel de caramelo tirado en el suelo. Si no vivo enraizado en Dios y en su amor, no tengo la mínima disposición para agacharme, recoger ese papel y tirarlo a la basura. Es decir, incluso un pequeño acto de caridad, si no está en Dios, no podemos realizarlo verdaderamente.
Por eso, el amor cristiano no comienza en nosotros, sino en el Padre, que pasa por el Hijo y llega hasta nosotros. Así, cuando amamos de verdad, participamos de la propia vida de Cristo, de la vida misma de Dios.
Si quieres ser fecundo en el amor, permanece enraizado en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, para que tus obras de caridad sean verdaderas y eficaces.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


