Jesús es el consuelo para el corazón afligido
Iniciamos hoy el mes mariano, pero también celebramos el día de San José Obrero. En esta celebración buscamos comprender que Jesús es el camino, la verdad y la vida, como nos enseña el Evangelio de San Juan:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre sino por mí” (Juan 14, 1-6).
Para que puedas reflexionar y comprender el vídeo necesitas ‘accionar el subtitulo en español’:
El Evangelio que hemos escuchado hoy se sitúa en un contexto muy importante e intenso: la Última Cena de Jesús con sus apóstoles. Jesús sabe que pasará por la Pasión y por la muerte, pero trae una recomendación esencial a sus discípulos: que no se turbe su corazón.
La invitación de Cristo al equilibrio interior
En aquel momento, el corazón de los discípulos estaba lleno de miedo e incertidumbre. Habían dejado todo para seguir a Jesús y se sentían entristecidos, pues se enfocaban solo en la idea de que Él iba a morir, sin tener aún plena conciencia de que resucitaría. Es en este contexto de inquietud que Jesús pronuncia palabras de consuelo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí”.
La palabra “turbar”, en este contexto, significa agitar profundamente, como un mar embravecido. Jesús conoce profundamente el corazón humano. Sabe que, cuando la gracia de Dios falta en nuestro corazón, surge esa inquietud y perturbación. Sin embargo, cuando acogemos la gracia de Dios, todo se equilibra en nuestro interior.
Jesús es la confianza en medio de las incertidumbres
Aunque sintamos miedo o impotencia ante las dificultades, no desistimos, porque sabemos que el Señor está con nosotros. Jesús comprende que, ante el sufrimiento, el dolor y lo desconocido, el corazón humano se inquieta fácilmente. Por eso, nos invita a confiar. Es importante entender que la fe no elimina las dificultades de la vida, pero nos concede una seguridad interior. El discípulo puede enfrentar sus tempestades porque sabe en quién ha puesto su esperanza y su confianza: en Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida.
Que Dios nos bendiga y nos dé fuerzas para soportar todo sufrimiento en Él.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


