La Eucaristía es nuestro sustento en el camino hacia el cielo
Hoy es el día de Corpus Christi, y el Evangelio que vamos a escuchar es el de San Juan Evangelista, capítulo 6. Aquí tenemos una prueba de que verdaderamente el Señor está en la Eucaristía, y queremos comprender esto escuchando el Evangelio de San Juan.
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.” (Jn 6,51-58)
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En el Evangelio de hoy, Jesús afirma algo que para los oyentes de aquel tiempo parecía escandaloso: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá eternamente”. Aquí, hermanos y hermanas, no estamos ante una simple metáfora. El Evangelio nos conduce, y conduce también a sus oyentes, a comprender una realidad nueva: Dios no quiere solamente hablar al hombre, Él quiere darse como alimento, es decir, como el pan bajado del cielo.
Del maná del desierto a la Eucaristía
En el Antiguo Testamento, Dios había alimentado al pueblo con el maná en el desierto, pero aquel alimento simbolizaba y sostenía solamente la vida biológica. Ahora, Jesucristo, en la fiesta de Corpus Christi, quiere destacar y revelar algo infinitamente mayor: Él mismo es el verdadero pan bajado del cielo. El maná sostenía el camino; la Eucaristía nos sostiene para la vida eterna.
La Eucaristía es el cuerpo de Cristo entregado en la Cruz
Por eso Jesús dice: “El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. La Eucaristía está inseparablemente unida a la cruz. El mismo cuerpo entregado en la cruz es el cuerpo que recibimos en el altar. “Quien come mi carne y bebe mi sangre…” Jesús utiliza un lenguaje extremadamente fuerte. Él insiste varias veces: “Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.
La palabra “permanecer” es fundamental en el Evangelio de San Juan Evangelista, porque la Eucaristía crea una comunión real con Cristo. No son solamente símbolos o recuerdos. En la Eucaristía recibimos verdaderamente a Jesucristo: su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad. Por eso la Iglesia, en el día de Corpus Christi, siempre ha enseñado que la Eucaristía es la presencia real de Dios en medio de nosotros. Que el Señor nos ayude a continuar nuestro camino sostenidos por la Eucaristía.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


