Mis mandamientos para la libertad
Hoy es el Día de las Madres y también el Día del Señor. Me gustaría comenzar felicitando a todas las madres que nos acompañan, en especial a mi madre, María Alice. Que Dios la bendiga y bendiga a todas las madres, para que sus corazones sean siempre moldeados según el corazón de Dios.
El Evangelio que escuchamos hoy es el de San Juan: “Aquel que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él” (Juan 14, 15-21).
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El amor verdadero se manifiesta a través de la obediencia. Jesús es claro al decir: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.
El amor que va más allá de los sentimientos
Hermanos y hermanas, aquí reside una verdad profunda: amar a Jesús no es solo un sentimiento, sino el compromiso de vivir conforme a su palabra y a sus preceptos.
Hoy en día, el mundo nos invita a caminos opuestos, como el odio, el individualismo, el egoísmo y el egocentrismo. Estos comportamientos pueden debilitar la esencia del cristianismo. El verdadero amor cristiano se concreta en la obediencia y en la vivencia práctica de la fe.
Cuando no comprendemos que amar el Evangelio significa fidelidad y compromiso, terminamos viviendo fuera de la gracia y de la fidelidad a Dios, lo que genera una esterilidad espiritual. Obedecer a Cristo no debe ser visto como una carga o una opresión.
Mis mandamientos te hacen verdaderamente libre
Quien obedece por miedo al castigo o solo para evitar la lejanía de la eternidad, aún no ha comprendido el amor. Al contrario, quien ama vive una verdadera libertad interior. Quien ama desea agradar y vivir la voluntad de la persona amada; y, en este caso, nuestro amado es Nuestro Señor Jesucristo.
La promesa del Espíritu Santo, el Paráclito y Consolador, es precisamente para ayudarnos en esta misión. El amor entre el Padre y el Hijo es derramado sobre nosotros por medio del Espíritu Santo, cuya misión es mantenernos firmes en la voluntad de Dios.
Pidan al Espíritu Santo todos los días. Él es la fuerza necesaria para que nunca se aparten de la verdad, de los mandamientos y del amor.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


