La cura del hombre enfermo cuando la misericordia mueve el agua del alma
“Hubo una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Existe en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, una piscina con cinco pórticos llamada Betesda. Muchos enfermos estaban allí acostados. De hecho, un ángel descendía de vez en cuando y agitaba el agua de la piscina; el primer enfermo que entraba, después de que el agua se agitaba, quedaba curado. Allí se encontraba un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Jesús vio al hombre tendido y, sabiendo que llevaba mucho tiempo enfermo, le dijo: ‘¿Quieres quedar sano?’ Él respondió: ‘Señor, no tengo a nadie que me lleve a la piscina cuando el agua se agita’. Jesús le dijo: ‘Levántate, toma tu camilla y camina’” (Juan 5,1-16).
Para que puedas reflexionar y comprender el vídeo necesitas ‘accionar el subtitulo en español’:
En el cristianismo, es Dios mismo, en Cristo, quien no solo se inclina sobre nosotros para explicarnos el significado del sufrimiento, sino que también, en algunos casos, cura gracias a su omnipotencia por medio de los milagros. Pero además entra en nuestra humanidad y experimenta todo el dolor que nosotros experimentamos.
La fragilidad del hombre y el misterio del sufrimiento
El dolor físico y moral, el miedo, el silencio del Padre y, finalmente, incluso la muerte, que es la marca propia del hombre y no de Dios. Él llega incluso a convertirse en un cadáver, sin dejar nunca de ser Dios.
Sufre todo el sufrimiento humano y en él deposita un germen de transfiguración, que es la resurrección. Estas son palabras de un cardenal italiano al ser preguntado sobre el misterio del sufrimiento.
Sabemos que, en las Sagradas Escrituras, la enfermedad era vista como una expresión del castigo divino que pesa sobre el hombre que peca. Era una especie de disciplina necesaria para traer al hombre de vuelta de su camino errante. El camino hacia la curación era la observancia de la alianza con Dios, que había sido rota por la situación de pecado.
En el Nuevo Testamento todavía encontramos rastros de esta mentalidad de retribución. Sin embargo, la enfermedad se relaciona ahora con la realidad de la acción del mal. Es el mal el que produce la enfermedad y aflige al hombre. En Jesús encontramos la síntesis que resuelve estos dos dramas.
El Mesías que libera de toda clase de males
Jesús libera de los pecados y cura las enfermedades. El tiempo que aquel hombre del Evangelio llevaba sufriendo —treinta y ocho años— es un número significativo, porque equivale aproximadamente a una generación en tiempos de Jesús, teniendo en cuenta que la expectativa de vida era baja en aquella época.
Es decir, aquel hombre representaba a toda una generación enferma que esperaba al Mesías salvador y liberador.
Es Jesús quien ahora agita las aguas quietas de nuestra humanidad enferma y nos hace experimentar el poder salvador de Dios. Es Él quien hoy dirige su mirada a cada uno de nosotros y nos dice: “Levántate y camina. Tu fe te ha salvado.”
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


