Permanecer en el amor, el llamado a una fe profunda
Hoy es viernes. Y, en la Iglesia, dedicamos todos los viernes al Sagrado Corazón de Jesús. Quiero enviar un abrazo a quienes nos acompañan desde Estonia, Camerún, Andorra, Georgia y Tanzania. Que puedas vivir la experiencia de permanecer en el amor de Dios, que es el hilo conductor de esta predicación, de esta homilía. En el Evangelio de San Juan, Jesús nos dice:
«Permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor. Así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.» (Juan 15,9-11).
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La palabra central del Evangelio de hoy es permanecer. Jesús no quiere una fe pasajera. Jesús no quiere una fe superficial ni vivida solo en momentos estratégicos. Él desea que tengamos con Él una unión constante, profunda y fiel.
Permanecer verdaderamente
Permanecer significa estar unidos a Cristo todos los días, tanto en las alegrías como en las pruebas. Jesús revela que la medida del amor es el mismo amor del Padre. Cuando aquí escuchamos: «Así como el Padre me amó, también yo los he amado». Esto es extraordinario, hermano mío, hermana mía. Cristo no nos ama de manera limitada ni interesada. El amor de Jesús es total. El amor de Jesús es fiel, misericordioso y eterno.
El amor de Jesús y el amor del mundo
Muchas veces, el mundo ofrece a cada uno de nosotros un amor condicionado. Ama mientras le conviene, pero Jesús ama hasta el extremo. ¿Y cómo permanecer en ese amor, hermano mío? El mismo Jesús responde: «Si guardan mis mandamientos». En el lenguaje bíblico, guardar no significa solamente obedecer de manera externa, sino acoger en el corazón, vivir y transformar la propia vida según la Palabra de Dios.
Quien ama verdaderamente procura vivir aquello que agrada al Señor. Que Él nos conceda esa gracia de permanecer en su amor para amar de manera gratuita y serena.
Que el Señor nos ayude a permanecer en Él y a guardar sus mandamientos.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!


