Jesús promete que nuestro corazón se alegrará
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo se alegrará; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque ha llegado su hora; pero cuando el niño ha nacido, ya no se acuerda del sufrimiento, por la alegría de que un hombre haya venido al mundo. También vosotros ahora sentís tristeza, pero volveré a veros y vuestro corazón se alegrará.” (Jn 16,20-23a).
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El Evangelio de hoy trabaja, en estos cuatro versículos, los binomios: llanto y alegría; tristeza y alegría; angustia y alegría; tristeza y alegría.
El corazón del fiel se alegrará, porque el dolor es pasajero y la gracia es eterna
Es interesante notar que las sensaciones negativas son presentadas en un contexto transitorio y momentáneo. En cambio, las sensaciones positivas aparecen como permanentes y duraderas. La famosa frase: “El llanto puede durar una noche, pero la alegría llega por la mañana”, se encuentra en el Salmo 30,5. Este versículo, escrito por David, es un himno de esperanza que destaca que el dolor es temporal, mientras que la bondad y el favor de Dios traen restauración y una alegría duradera, transformando el lamento en danza.
Jesús quiere hacernos ver la luz de la victoria que está escondida en cada momento de tribulación que atravesamos. ¡Si pudiéramos, por gracia de Dios, contemplar esa luz escondida en cada prueba, qué maravilloso sería! Jesús quiere rescatar nuestra memoria victoriosa, el “Hosanna” sobre todas las batallas que libramos.
Plena confianza ante la Cruz
Esto no es una anestesia ni un opio, una forma de adormecer nuestra mente. Es una conciencia viva de que vale la pena enfrentar los dolores y los cansancios, porque después de cada uno de ellos experimentamos un nuevo nacimiento. Algo nuevo surge en nuestra vida después de haber soportado las contradicciones.
¿Cuál es el fruto de soportar el sufrimiento del tiempo presente? Una inmensa alegría que invade nuestro corazón.
No confíes en tus propias fuerzas para enfrentar las tristezas de la vida. Confía en Jesucristo, que, por medio de las pruebas, nos hará participar de las alegrías eternas reservadas para aquellos que lo aman con corazón sincero. En la tribulación, permanece fiel, porque la alegría vendrá.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


