La voluntad de Dios enseñada por el ejemplo de María
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las multitudes, su madre y sus hermanos se quedaron fuera, buscando hablar con Él. Alguien le dijo a Jesús: «Mira, tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren hablar contigo». Jesús preguntó al que le había hablado: «¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos?». Y extendiendo la mano hacia sus discípulos, Jesús dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos, porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre». (Mateo 12,46-50)
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Bien, hermanos y hermanas, la madre de Jesús está fuera. Aquí aparece el adverbio de lugar exo, que indica simplemente una posición física: la madre no entró en la casa donde Jesús estaba.
Vivir la voluntad de Dios en la vida cotidiana
Quiero subrayar esto porque la fiesta que hoy celebramos es la de María del Monte Carmelo, Nuestra Señora del Carmen, la mujer de las montañas, aquella que, siguiendo el ejemplo de su pueblo hebreo, sabía encontrarse con Dios en la experiencia de las montañas.
Ella presenció una teofanía en las montañas de Ein Karem cuando fue a visitar a su prima Isabel. Allí, María vio con sus propios ojos una gran maravilla de Dios, que es capaz de realizar lo imposible a los ojos humanos. María sabía encontrar a Dios alejándose de las llanuras de la vida humana, aun estando inmersa en las ocupaciones de su vida cotidiana.
Tú puedes experimentar la gracia de Dios realizando tu trabajo con amor y dedicación. Cuidando de las personas, de tus hijos, en cualquier actividad es posible estar en la presencia de Dios en el ritmo de la vida. María no solo experimentó a Dios, sino que en todo hizo su santa voluntad.
Bajo la protección de Nuestra Señora del Carmen
Presento también una preposición que aparece en el texto de hoy y que me parece oportuno meditar. Jesús, extendiendo la mano hacia sus discípulos; aquí aparece la preposición epi, «hacia», «en dirección a». Y esa mano también señalaba a su madre: aquella que parecía estar fuera, en realidad estaba más dentro que muchos de los que se encontraban en aquella casa.
María está dentro del proyecto de Dios, dentro de su voluntad, y precisamente porque está dentro, ella es el prototipo de los verdaderos discípulos de Jesús, que son aquellos que hacen la voluntad de Dios. El mismo Jesús reconoce ese lugar de su madre y, así como lo hizo en el Monte Carmelo, en Haifa, en la costa de Israel, dando a su Madre como signo de protección para todos los fieles por medio del escapulario, hoy también nos entrega a su Santísima Madre como protectora y defensora en todas nuestras batallas.
Puedes rezar conmigo: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


