La incredulidad que impide el milagro
Hoy vamos a meditar el Evangelio de San Marcos, capítulo 6, versículos del 1 al 6. Contemplaremos lo siguiente: En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, su tierra, y sus discípulos lo acompañaron. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. Muchos de los que lo escuchaban se admiraban y decían: “¿De dónde le viene todo esto? ¿Qué sabiduría es esta? ¿Cómo es que se realizan tales milagros por sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, José, Judas y Simón?”. (Marcos 6, 1-6).
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Basta con abrir el corazón
Amados hermanos y hermanas, el hilo conductor de este Evangelio es que la fe abre espacio para que Dios actúe. Es decir, el prejuicio y la familiaridad excesiva cierran el corazón al milagro. Muchas veces, hermanos míos, cerramos nuestro corazón porque creamos barreras y obstáculos que impiden que la gracia de Dios actúe.
Jesús es rechazado por los suyos. ¿Cuántas veces usted y yo somos rechazados por aquellos a quienes amamos, por aquellos que se dicen nuestros amigos? A causa de esto, a veces dejamos de creer en lo que Dios puede hacer y revelar en nuestras vidas. Jesús nos está diciendo que no nos debe faltar sabiduría para saber lidiar con estas situaciones.
El peligro de la incredulidad
El Evangelio muestra que la incredulidad impide la acción de Dios. Aquí está el punto central: la incredulidad. La falta de fe, hermano mío, hermana mía, es el gran peligro y el gran mal que puede entrar en nuestro corazón, bloqueando la obra de Dios en nosotros.
Cuando el 27 de septiembre del año 2000 recibí la gracia del bautismo en el Espíritu Santo, no fui incrédulo, sino que creí que aquel día Jesús podía cambiar mi vida y mi corazón. De la misma manera, Dios puede realizar hoy algo muy profundo y concreto en ti. Basta con abrir el corazón y quitar todo aquello que impida que la gracia divina actúe en nosotros.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


