Llamados a servir siguiendo el ejemplo de Jesús
No querer ser servido, sino servir. ¿Qué hemos ofrecido con nuestros gestos?
Jesús los llamó y les dijo: “Vosotros sabéis que los jefes de las naciones las dominan y los grandes las oprimen. Pero entre vosotros no debe ser así. El que quiera ser grande, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”. (Mc 10,32-45)
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No querer recibir, sino ofrecer. Jesús, que no vino para ser servido, viene y nos dice que no sirve de nada querer un lugar de destaque cuando nuestra vida no nos destaca para las realidades celestiales, cuando nuestra vida no nos orienta hacia las realidades del cielo. Entonces, ¿cómo queremos un lugar de destaque en este mundo, si nuestro corazón no le da un lugar de destaque a la acción de Dios, si nuestro corazón no le da un lugar de destaque a la presencia de Jesús, al amor por Jesús?
La oración de servir a Dios en la vida
¿Será que, a lo largo de tu día, tienes un espacio para la oración? La oración es, por así decirlo, un lugar privilegiado para Dios. Queremos permanecer con Él, y eso sucederá a partir del momento en que nos detengamos —aunque sea por un instante— para escuchar la voz del Señor que nos guía. Podemos rezar y vivir la oración al ritmo de la vida; entonces, todo lo que hagamos, debemos hacerlo con Dios.
Pero necesitamos esos momentos de pausa, que incluso podemos llamar pausas estratégicas, para escuchar, para ser guiados, reconducidos y puestos nuevamente en el camino correcto. Es el Señor quien nos vuelve a colocar en el camino.
El corazón abierto se revela convertido
Aprendamos, en este día, esta gracia: la gracia de quien abre el corazón, permanece con Dios y permite la conducción del Espíritu. Nuestros gestos hablan de aquello que está en nuestro corazón. ¿Acaso la boca no habla de lo que está lleno el corazón? También nuestros gestos lo manifiestan; nuestro “creo” manifestará también nuestro testimonio. Que, en este día, esta sencilla homilía nos motive a ser más intensos en la entrega, en la donación y en el deseo de servir a Dios. Y si tenemos el deseo de servir a Dios, serviremos también a los hermanos.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


