La señal buscada por los fariseos
En aquel tiempo, algunos maestros de la Ley y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver una señal realizada por ti». Jesús les respondió: «Una generación mala y adúltera busca una señal, pero no se le dará otra señal que la del profeta Jonás» (Mateo 12,38-42).
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El punto clave de la interpretación de Jesús está en la frase: «Así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra» (12,40). La fórmula utilizada enfatiza claramente el paralelismo entre el pasaje del libro de Jonás y la sepultura y resurrección de Cristo. El evangelista Mateo introduce la aplicación pascual en este paralelismo.
La señal de Jonás y la profecía de la victoria de Cristo sobre la muerte
En efecto, al releer el libro de Jonás, la comunidad celebró no tanto su predicación a los paganos, sino más bien su liberación milagrosa del peligro de muerte en el vientre del gran pez. Por esta razón, también fue más fácil para Jesús y para los cristianos aplicar este pasaje a la resurrección de Jesús.
Como es bien sabido, en griego, el término pez, ichthýs, se convirtió más tarde en aquel acróstico: Iesoûs Christós Theoû Hyiós Sotér —Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador—, transformando así este animal en uno de los símbolos iconográficos más apreciados del cristianismo.
La Resurrección, el milagro definitivo
La señal más grande de Dios fue resucitar a su Hijo Jesús para que toda la humanidad pudiera ser salvada de la muerte y tuviera acceso a la vida divina. Esa es la señal más clara y más evidente que podemos recibir. No hay razón para esperar otra señal. Por eso, creemos en el Hijo de Dios y en su resurrección de entre los muertos, y no seamos más incrédulos.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


