Acoger la luz para vivir bajo la Misericordia Divina
Jesús es la luz del mundo, y su resplandor es la verdad. Santa Catalina de Siena supo encarnar esa verdad en su propia vida.
“Quien me ve, ve a Aquel que me envió. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que cree en mí no permanezca en las tinieblas. Si alguno escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo. Quien me rechaza y no acepta mis palabras, tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he hablado lo juzgará en el último día” (Jn 12,44-50).
Para que puedas reflexionar y comprender el vídeo necesitas ‘accionar el subtitulo en español’:
Hermanos y hermanas, creer en Jesús es vivir en la verdad eterna. Hoy celebramos la memoria de Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia. Ella encarnó, en su propia vida, la luz de Cristo, la luz de la verdad. Nosotros, que creemos, vivimos desde la claridad divina. No vivimos desde las tinieblas; vivimos desde la luz que viene de lo alto.
La luz que viene de lo alto nos guía
En el mundo, es verdad que vemos tinieblas, pero la última palabra es siempre la luz de la Palabra de Dios, que nos sostiene en nuestros dolores y nos levanta en nuestras caídas. Esta es la última palabra, y será siempre la Palabra de Dios. La última palabra no será la de las tinieblas, que intentan llevarnos a la perdición. Jesús nos sostiene en nuestros dolores, nos levanta en nuestras caídas y nos restaura cuando estamos desfallecidos.
La oveja necesita acoger la misericordia del Pastor
En los últimos días hemos visto en los Evangelios que se habla de la oveja perdida. La oveja puede, en algún momento, estar también desfallecida, pero no por eso debe desistir. Rechazar la verdad de la presencia de Dios en nuestra vida y en nuestra historia sería una forma de excluirnos de la salvación. Nosotros mismos nos excluimos, pero sabemos que la misericordia de Dios precede a cualquier tipo de juicio.
Entonces, en este día de Santa Catalina de Siena, permanezcamos bajo el criterio del Evangelio. El Padre no envió a su Hijo al mundo para juzgarlo, sino para salvarlo. Cristo nos ofrece la salvación. “Yo quiero recibir esta salvación”: esa debe ser nuestra oración en este día. Desea recibir la salvación que Jesús te ofrece.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


