La compasión de Jesús en el encuentro entre la miseria humana y la voluntad divina
En aquel tiempo, se le acercó un leproso y, de rodillas, le suplicó: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y dijo: “Quiero, queda limpio”. Al instante la lepra desapareció y quedó limpio. (Marcos 1, 40-45)
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El pasaje del Evangelio de Marcos que relata la curación del leproso no es solo el registro de un milagro físico, sino una profunda revelación del carácter misericordioso de Cristo. Al analizar la interacción entre Jesús y aquel hombre excluido, somos invitados a comprender la profundidad de la compasión de Jesús que se inclina sobre nuestras heridas.
El sentimiento profundo de Cristo: La explicación de splanjnizomai
Para comprender la reacción de Jesús, es esencial observar el verbo griego utilizado por el evangelista: splanjnizomai. Traducido como compasión, el término deriva de splanjna, que se refiere a las vísceras maternas, consideradas en la antigüedad la sede de los sentimientos más tiernos e intensos.
Cuando el texto afirma que Jesús fue movido a compasión, indica que el Señor se sintió “desinstalado” en su humanidad y divinidad. No fue solo algo superficial, sino un estremecimiento interior. Jesús permitió que la situación de dolor de aquel hombre lo envolviera profundamente, demostrando que Su amor es capaz de superar cualquier barrera, incluso la de la exclusión social y religiosa de la época.
La condición del leproso: entre el pecado y la exclusión
En aquel tiempo, la lepra era una condición terrible, frecuentemente asociada al pecado. Cargaba con el estigma de la insensibilidad, de la impureza y del contagio, resultando en separación, ruina y muerte. El leproso no sufría solo por la enfermedad física, sino por la humillación de ser considerado un “muerto viviente” ante la sociedad.
Al acercarse, el hombre reconoce que la compasión de Jesús es mayor que su enfermedad. Entonces, al extender la mano y tocar al impuro, Jesús rompe con la “condición de desgracia” e inaugura un nuevo tiempo. El toque de Cristo no solo sana la piel, sino que restaura la dignidad de aquel que era despreciado.
El encuentro de la voluntad humana con la voluntad divina
El diálogo entre el leproso y Jesús revela la esencia de la oración eficaz. El leproso dice: “si quieres”, demostrando un abandono total a la voluntad de Dios. Jesús responde: “quiero”, revelando Su deseo intrínseco de salvar y restaurar. Es el encuentro hermoso de la confianza humana con la nobleza del sentimiento divino.
Como solemos decir popularmente, la oración hecha con confianza y entrega es capaz de mover el corazón de Dios. Que el ejemplo de este hombre nos inspire a presentar nuestras lepras espirituales al Señor, confiando en que Él siempre desea acogernos en Sus brazos de misericordia.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


