11 Nov 2019

Toda corrección nos ayuda a ser mejores

“Si peca contra ti siete veces en un solo día, y siete veces va a ti, diciendo: “Estoy arrepentido”, debes perdonarlo” (Lucas 17,4)

La primera actitud a la que nos invita hoy el Evangelio es a ser personas de fe y a vivir de la fe. Aunque nuestra fe sea pequeña como un grano de mostaza, es capaz de hacer grandes milagros.

Es necesario evitar escándalos, no podemos escandalizar a nadie, no podemos dar contratestimonio de nuestra fe. Para mantenernos firmes y coherentes en la fe, necesitamos colocar nuestra confianza en Jesús.

Después, con la misma fe, vivimos la fuerza del perdón y de la corrección fraterna. Si un hermano peca contra ti, corrígelo en la caridad, llámale la atención, en cuanto al pecado o error que haya cometido, pero con la fuerza del amor, para ganar un hermano y no perderlo o apartarlo.

Todos nosotros necesitamos ser corregidos, ayudados y alertados, nos necesitamos unos a otros. Lo que no puede suceder es que, por orgullo, nos cerremos en nuestro mundo, nos asilemos en nuestra posición, en nuestras elecciones de vida que nadie se meta y nos pueda corregir, siendo de esas personas que no aceptan correcciones y antes de escuchar respondemos, atacando.

La fuerza de la corrección, que está en nosotros, debe, al mismo tiempo, generar la fuerza del perdón

El hermano que nos corrige nos hace un gran favor, nos ayuda a salvar nuestra lama. Puede ser que esa corrección toque nuestra vanidad y nuestro orgullo, pero si con buen corazón nos colocamos en la presencia de Jesús, toda corrección nos ayuda a ser mejores.

Aquel que corrige es el primero a ser corregido, es el que de corazón permite ser corregido por Dios, porque, Dios solo corrige a quien ama y el amor de Dios en nosotros nos debe corregir día a día. Pero la fuerza de la corrección, que está en nosotros, debe, al mismo tiempo, generar la fuerza del perdón.

Si un hermano peca en el mismo en el mismo día siete veces contra nosotros, si el hermano, por algún motivo, nos ofende y se arrepiente, debemos perdonarlo. Aunque humanamente nos cerremos y no tengamos disposición pen un primer momento, sin embargo, como un buen hijo, debemos siempre caen en cuenta, en Dios y en la gracia de Dios; además de abrir el corazón para perdonas, porque Dios nos perdona más de siete veces al día. No podemos hacer de otra manera, a no ser abrir nuestro corazón para perdonar al hermano.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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