01 Nov 2019

Seamos el canal de la cura en la vida de nuestro próximo

“Entonces Jesús tomó de la mano al enfermo, lo curó y lo despidió” (Lc 14, 4).

La primera realidad que encontramos en el Evangelio de hoy es la indiferencia, el poco caso, la frialdad con el dolor y el sufrimiento del otro.

Jamás, por cualquier motivo o situación, podemos ser indiferentes con el sufrimiento y el dolor que nuestro hermano pasa, con la enfermedad que toma cuenta de nuestro prójimo.

La actitud evangélica necesita ser siempre la actitud de Jesús. Es Él quien “toma el hombre por la mano”. Y “tomar por la mano” quiere decir: acoger, amar, cuidar, se hacerse presente. La actitud de amor es el paso más importante para la sanación, para el restablecimiento, para levantar el otro, para hacerse prójimo al otro.

El otro no puede parecer pesado para nosotros, cuanto menos significar una persona inoportuna, que viene ocupar nuestras obligaciones y quitarnos de la comodidad. La sanación comienza en nosotros cuando salimos de nosotros y vamos al encuentro del otro, entonces, llevamos el mejor de nosotros para el otro.

Jesús cogió ese hombre por la mano y, en la actitud de coger por la mano, Él comunica la gracia de la sanación. Ese hombre es despedido. “Sigue adelante”.

La sanación comienza en nosotros cuando salimos de nosotros y vamos al encuentro del otro, entonces, llevamos el mejor de nosotros para el otro

Jesús esta recordando que cuando los hombres cuidan de sus cosas materiales, quien tiene un buey en el pozo y luego va quitarlo, no importando si es sábado o domingo, es decir el día que sea, muestra que somos muy materialista y, por encima de todo, egoísta cuando nos ocupamos de nuestras cosas.

No encontramos dificultad para cuidar que es nuestro, de mañana, de tarde, de noche, de madrugada. Refiriéndose a las cosas materiales nuestro cuidado es extremo.

Nada es más importante que la criatura humana, imagen y semejanza de Dios. De día o de noche, sábado o domingo, necesitamos volvernos para el otro, para que él ocupe un lugar en nuestro corazón, cuidando, amando, respetando y, por encima de todo, dando el mejor de nosotros para que seamos el cala de sanación, de la bendición y de la presencia amorosa de Dios en la vida de nuetsro prójimo.

Seamos comunicadores de la gracia; y no estemos cerrados para las necesidades de nuestros hermanos.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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