10 Aug 2020

Renovemos nuestra alma para experimentar el nuevo de Dios

“Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24).

La Iglesia nos da la gracia de celebrarnos, hoy, la fiesta del diáconos y mártir San Lorenzo. El Evangelio hace sintonía con lo que fue la vida de San Lorenzo, diacono y mártir. Él, en los primordios de la Iglesia, tuvo la gracia de, por el siglo III, dar su vida en favor de la Iglesia y del Evangelio. Él quedaba especialmente responsable de cuidar de los bienes de la Iglesia y de los pobres, porque los bienes de la Iglesia son las almas, y las almas son alimentadas con los bienes espirituales, especialmente, la Eucaristía y la Palabra de Dios.

Los pobres son otros bienes preciosos de la Iglesia, los pobres que son desprovisto de sus bienes necesitan ser cuidados por todos nosotros, porque Jesús que esta en la Eucaristía esta en la Palabra, esta en los pobres; “¡Eras Tu, Señor!”. Es con ese espíritu que el diacono San Lorenza cuidaba, con todo amor, de las necesidades de los más pobres y sufridos.

Cuando el Evangelio dijo que el grano que cae por tierra y no muere, pero queda solo, sigue solo un grano de trigo. Sin embargo, aquel grano que tiramos en la tierra morir, es decir, va ser fecundado y producirá frutos en abundancia.

El alma que no se renueva atrofia y no experimenta el nuevo de Dios a cada día

Es necesario morir para sí mismo a cada día, es necesario morir para que el otro viva. Para que seamos vida en la vida del otro, necesitamos morir, para que nosotros mismos podamos dar valor y sentido a nuestra propia vida.

Florecen en nuestra vida los valores contrario, que no son valores de la vida: el egoísmo, el orgullo, la soberbia, la envidia.. Necesitamos morir para el hombre viejo que esta impregnado en nosotros para que el hombre nuevo pueda venir.

No nos conformemos en sernos lo que somos, pero, por el contrario, vamos morir a cada día para sernos mejores. Nada de depreciación y desvalorización. ¡Un atleta se dedica para ser cada vez mejor, y como él muere para sí mismo, en la dedicación, en el esfuerzo, en la lucha, en el combate, en el despertar temprano, en todos las actividades que hace!

¿Qué actividades debemos hacer con nuestra alma, con nuestro espíritu y con nuestro corazón para sernos mejores a cada día? Así como el atleta que no trena atrofia sus miembros, su cuerpo, y va perdiendo toda su agilidad y habilidad, el alma que no se renueva atrofia y no experimenta el nuevo de Dios a cada día.

Trabajemos con dedicación para senos nuevos y renovados a cada día en la presencia de Dios.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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