05 May 2019

El Resucitado sana nuestra alma y nuestro corazón

“Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 17)

Estamos contemplando la tercera manifestación de Jesús resucitado, y ahora Él se manifiesta en al lago, Él parece allí junto alrededor del mar Tiberiades, aquel mismo mar que Él camino, donde Él se encontró con la mayoría de sis discípulos, de sus apóstoles y los invito para seguirlo, para que sigan en el camino de la vida.

Jesús, el Maestro, es ahora Jesús resucitado y Él viene al encuentro de los Suyos que aún están acordando, aún están abriendo los ojos para reconocer que Él esta vivo y en el medio de ellos. Es lo que ocurre también con nosotros, aún estamos despertando, no abrimos totalmente nuestros ojos para reconocer que Jesús esta vivo en nuestro medio.

Los discípulos han visto el día quedando claro, pero han visto un hombre y no sabían que era Jesús. El propio Jesús llega hasta él y pregunta: “¿Tu tiene alguna cosa para comer?” Ellos no tenían y Jesús dice: “Lanzar las redes a la derecha del barco y ustedes van encontrar lo que necesita para comer”.

Cuando nos encontramos con el Resucitado, Él sana lo que hizo daño en nuestra alma y nuestro corazón

Quien esta con hambre, quien esta necesitado, el primer consejo que alguien da, la primera dirección que alguien da, haz lo que es posible. Ellos hicieran lo que el Maestro había hablado, aún sin reconocer que se trataba de Jesús y agarraran mucha cantidad de peces, y después no tuvieran dudas: era Jesús que estaba en el medio de ellos.

Y así que Jesús esta en nuestro medio y quiere abrir nuestros ojos para que reconozcan a Él. El Resucitado no viene solo para abrir los ojos, para permitirnos reconocer, pero viene también para sanar las heridas, las tristezas, las decepciones que tenemos y nosotros mismos somos. Pedro se encontraba deprimido, depresivo y cerrado con lo que había ocurrido con él, porque él negó Jesús tres veces.

Jesús no vino para tirar en la cara de Pedro: “Tu me has negado”, por el contrario, Él vino para amar y sanar a Él. Jesús pregunto: “¿Pedro, tu me ama más que estos?” Pedro respondió: “Señor, tu sabes que te amo”.

Es en el amor que todo se sana, y por eso Jesús que dio a Pedro el cuidado de su Iglesia, de sus ovejas antes de los acontecidos pascuales, ahora vivo y resucitado, Él viene para confirmar todo Su amor a Pedro y da a Él lo que confirmo: “Cuida de mis ovejas y de mis corderos”.

Podemos estar frustrados, tristes, deprimidos y incluso con sentimiento de culpa en nuestra alma y en nuestro corazón, pero cuando nos encontramos con el Resucitado, Él sana lo que esta herido en nuestra alma y corazón.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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