21 Aug 2019

La gracia de Dios conquista a todos

“Por eso, mientras se les pagaba, protestaban contra el propietario. Decían: «Estos últimos apenas trabajaron una hora, y los consideras igual que a nosotros, que hemos aguantado el día entero y soportado lo más pesado del calor” (Mt 20, 11-12).

La parábola del administrador que contrato operarios para su viña nos remete a los acontecimientos finales de la humanidad. Durante toda la historia del ser humano, Dios va llamando los suyos. Algunos veen en la primera hora, otros ven en la mitad del día, otros ven casi en el final del día, y a cada tiempo la gracia de Dios va llegando en los corazones.

El importante es que la gracia de Dios llegue. El importante es que la gracia de Dios conquiste el mayor número posible de personas, además, existen las intemperies humanas presentes, no solo en las cuestión religiosas, en las cuestiones cotidianas de nuestra vida.

Queremos entender que la justicia es sernos todos iguales cuando, en realidad, no somos. La justicia es dar el tratamiento que cada uno merece, de forma que ser injusto es no dar al otro lo que él merece.

El amor de Dios es para con todos, aún que él no llegue a todos al mismo tiempo, por varias situaciones, pero el deseo del Padre es llegar al corazón de todos.

En la mano de Dios nadie queda sin recibir Su agracias, Su amor

Nuestro corazón humano es movido por la envidia, por el celos, y, en los últimos, esta acelerado cada vez más el proceso de competición entre las personas. Competir quiere decir sentirse inferior al otro, más importante y más valorizado que el otro.

Dios valoriza lo que nadie valoriza, Él reconoce lo que no reconocemos, Él hace justicia de acuerdo con Su corazón y no de acuerdo con los criterios del corazón humanos, que hace acepción de persona, pone personas más importantes que otras.

Dios va comenzando de los últimos para tratar a cada uno conforme su corazón. Una cosa podemos tener seguridad: en la mano de Dios nadie queda sin recibir Su gracia y Su amor. Lo que ocurre es que el egoísmo, el orgullo y la soberbia humana no es suficiente, muchas veces, con lo que tienen, quieren siempre más, por eso entregan el alma a la tristeza, entregan el corazón a la competición y no se conforman con la situación que tiene.

Cuando recibimos una cosa, quedamos satisfecho con lo que tenemos. La falta de satisfacción toma cuenta de nosotros cuando comenzamos a compararnos con el otro: “El otro es mejor”, y comenzamos a dejar de la lado lo que es nuestro.

Una niña recibe un regalo y esta muy feliz, pero ella comienza a deshacer del regalo cuando supo que el otro tiene un regalo mejor que ella. Estos operarios que recibieron su salario estaban satisfechos con lo que fue combinado, pero ellos comenzaron a murmurar y reclamar cuando supieron que los otros funcionarios ganaran igual a él, además, ellos recibieron lo que fue combinado.

El sentimiento humano es así, cuando comenzamos a compararnos, comenzamos a envidiar y crear otros sentimientos, porque nos van deprimiendo y comparándonos siempre con los demás.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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