05 May 2018

Vivimos en el mundo, pero pertenecemos al Cielo

El mundo de Dios es sublime y eterno, no tiene comparación con ese mundo sucio

“Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, él mundo los odia” (Jn 15, 18-19).

La Palabra de Dios, que viene a nuestro encuentro hoy, nos hace distinguir el mundo que se alejó de Dios, que no acepta las cosas de Él, odia la verdad y se opone al mundo creado por Él, porque este es bueno y tiene que ser cuidado, amado y valorado.

Si somos discípulos de Jesús y buscamos vivir como hijos de Dios, es obvio que ese mundo nos va odiar, porque no pertenecemos a él. Cuando digo “pertenecer a ese mundo” no quiere decir que vivimos extraterrestres; por el contrario, quiere decir que vivimos en él, pero nuestra mentalidad es del Cielo, es la mentalidad de Cristo.

Las concepciones del Evangelio son, muchas veces, rechazadas, y se convierten algo abominable para muchos. Hay muchas criticas, persecuciones, muchas personas que se burlan de la fe, en la religión y en la verdad. ¿Cuál es nuestra respuesta ante eso?

Si el mundo siembra el odio, no sembramos odio, no respondamos con odio, no partamos para el combate quieren hacer, cediendo a las discusiones tolas, vacías, que no llegan a ningún lugar. Evangelicemos el mundo, pero no peleemos con él, porque ni existe rivalidad entre nosotros y él. El mundo de Dios es sublime y eterno, pero no tiene comparación con ese lugar sucio en que vivimos. Amemos nuestros hermanos, amemos unos a otros, evangelicemos, anunciemos el Evangelio, pero no podemos ceder a las tentaciones mundanas.

La gran tentación no son los placeres del mundo, porque este quiere ponernos en peleas y competitividad, pero esas competiciones no son saludables. Anunciemos el Evangelio sin necesitar rivilizar, guardemos el Evangelio. Nuestro esfuerzo, nuestra pelea y determinación es para rever. Y cuanto más nos cobran, cuanto más nos quitan piedras, más necesitamos poner la mano en la conciencia y decir: “Necesito convertirme. Necesito ser mejor. Necesito ser más de Dios. No puedo ser mundano, pero sin llevar la santidad como compromiso de vida”.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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