06 Jul 2019

La gracia de Dios renueva todo lo que envejeció

“Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de tela nueva, porque el pedazo nuevo tiraría del vestido y la rotura se haría mayor. Y nadie echa vino nuevo en recipientes de cuero viejos, porque si lo hacen, se reventarán los cueros, el vino se desparramará y los recipientes se estropearán. El vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así se conservan bien el vino y los recipientes” (Mt 9, 16-17).

Nada es más nuevo en nuestra vida que la gracia de Dios, que Su Buena Nueva, porque ÉL es siempre nuevo, Él no conoció lo que es viejo. La gracia de Dios renueva todo lo que envejeció, se corrompió, pero necesitamos tener un corazón nuevo, una disposición nueva o una mentalidad nueva para que el nuevo de Dios entre en nosotros.

Perdemos, estropeamos, no cuidamos de la gracia que recibimos. La gracia llega hasta nosotros, pero vuelve, porque no encuentra una acogida nueva para permanecer en nosotros. Continuamos presos aquellos nuestros pensamientos y mezquindad, continuamos con la mirada rígida. Podemos tener 80 años y comenzamos a aprender ahora, pero el joven cree que puede todo. Necesitamos, en realidad, aprender, todos los días, sobre todo.

En Dios somos siempre niños que están aprendiendo a caminar. Necesitamos madurar, pero nunca perder el sentimiento ni el sentido del noño que esta aprendiendo a caminar.

El Evangelio es siempre nuevo a cada día, las letras del Evangelio pueden ser las mismas de dos mil años atrás, pero, a cada día que tenemos una disposición nueva, una abertura de mente nueva, el Espíritu crea el nuevo de Dios en nosotros. Por eso, quiero que la Palabra del Señor, hoy, predica a mi corazón, realiza el nuevo de Dios en mi vida.

Dios hace nueva toda las cosas en aquel que se permite, a cada día, se renueva en Él

Hoy, debe ser el primero día de nuestra vida, debe ser el día en que Dios realiza su obra dentro de nosotros, por eso no podemos desear otra cosa, que no sea tener un corazón y un sentimiento nuevo.

Es triste reencontrar una persona muchos años después y ella continua con a aquella misma tristeza, el mismo resentimiento, con la misma amargura; y lo peor es que después, de un tiempo la persona va envejeciendo, porque no larga aquellas cosas que envejecen el alma, el espíritu y el sentimiento humano.

Nos apegamos en porquería, cosas viejas y estropeadas. Permitamos que el nuevo de Dios renueve nuestros sentimientos, quite de nosotros esta forma vieja de hablar, de agredir unos a los otros, para renovarnos nuestra lenguaje, nuestra forma de hablar, de lidiar con los demás.

Dios hace nueva todas las cosas en aquel que se permite, a cada día, se renueva en Él.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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